Revista Digital Semanal

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65 veces Sara

El miércoles pasado se celebró el 65 aniversario del nacimiento de la destacada e histórica trovadora cubana Sara González. Un recorrido de su obra y de su forma de vivir e interpretar la canción.

Michel Hernández, Colaborador Archivo En Cultura July 15, 2016

Son los años 60. Los hippies toman las calles de Estados Unidos para promover la paz, el amor libre el rock and roll, la expansión de la mente hacia territorios desconocidos; los movimientos guerrilleros de América Latina luchan para derrocar a los regímenes dictatoriales; la Revolución cubana triunfa liderada por jóvenes barbudos y de pelo largo, que irradian una rara mística que se esparce a velocidad de vértigo por medio mundo.

 

Entre todo este contexto volcánico una adolescente habanera, de menos de 20 años, nacida el 13 de julio de 1951 en Cayo Hueso, Marianao, no podía frenar sus impulsos creativos porque de lo contrario podría explotar por dentro. Conoce entonces a otros jóvenes que empezaban a hacer canciones con un nuevo estilo que bebía del rock and roll, de la música de vanguardia y de la tradición sonora de Cuba para dejar testimonio de los tiempos huracanados que vivía la Isla y barrían con todo el sistema político imperante hasta el momento. Y como casi todo lo nuevo fueron incomprendidos y en algunos momentos desplazados hasta que Haydée Santamaría, una de las heroínas del triunfante movimiento 26 de julio les dio refugio y los acogió en el seno de Casa de las Américas.

 

La Nueva Trova tuvo varios nacimientos, a veces difíciles, a veces sosegados, pero el encuentro con Haydée de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola ( algunos de los representantes más conocidos de este movimiento) marcó el rumbo definitivo hacia la historia de estos trovadores que cambiaron la faz de la música cubana y cronicaron, desde diversas visiones y puntos de vista, la naciente Revolución cubana.

 

La joven cantante se llamaba Sara González y halló su medio natural en la Nueva Trova. Para ella fue todo un descubrimiento que la cambió la vida y junto a Silvio a Pablo a Noel o Vicente Feliú empezó a escribir canciones que formarían una parte fundamental de la banda sonora de la Revolución.

 

Sara, con el tiempo, se convertiría en la voz femenina de la Nueva Trova y en una de las cantautoras más influyentes en los últimos 50 años en la Isla. Sin embargo, una buena parte de los cubanos tomaron conciencia de su obra cuando ingresó al Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, dirigido por el adelantado guitarrista y compositor cubano Leo Brouwer.

 

Este grupo, creado en 1969 por Alfredo Guevara e integrado además por Leonardo Acosta, Genaro Caturla, Eduardo Ramos e Emiliano Salvador, entre otros, fue sobre todo una excelente plataforma para la experimentación y la búsqueda de la creatividad sin límites.

 

No podía ser otro el contexto en que Sara forjara con líneas maestras su personalidad artística y desarrollará una sorprendente libertad creativa y un fuerte compromiso artístico, que luego quedaría plasmado en temas como Girón, la Victoria, o Su nombre es pueblo, una canción que si bien pertenece a Eduardo Ramos, cobró una increíble resonancia en la voz de la trovadora.

 

Consagrada definitivamente como una de las trovadoras cubanas de mayor estirpe, Sara, con los años, publicó discos como Versos de José Martí, Cuatro Cosas, Con un poco de amor o Si yo fuera mayo en los que continuaba dejando testimonio de los diferentes sucesos de la Revolución, al tiempo que promovía la canción de autor hecha por mujeres, otro de las propósitos que se impuso como destino durante su vida. Como ejemplo de lo anterior quedan los dos fonogramas Cantos de mujer, en los que recupera varios temas de grandes compositoras cubanas.

 

De igual manera siempre estuvo muy atenta a las nuevas generaciones de trovadores y buscaba la mejor forma de darle visibilidad a sus obras para que no se quedaran en el anonimato o se perdieran en el olvido. En este propósito, como en otros de su carrera, la acompañó su compañera en la vida, la pintora, grabadora y ceramista Diana Balboa, quien junto a otras colaboradoras como Marta Campos ha continuado promoviendo el legado de Sara tras su muerte en el 2012 a los 60 años.

 

Sara siempre mantuvo una constancia que no dejó caer hasta sus últimos días. Así impulsó el espacio El Jardín de la Gorda, una peña en el vedado capitalino que sigue en pie para dar lustre a la mejor música cubana y darle visibilidad a sus exponentes más valiosos, tanto los consagrados como los más jóvenes creadores.