Revista Digital Semanal

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Adiós Buena Vista en Argentina

Después de presentarse en los festejos patrios en Plaza de Mayo el pasado día 25, realizaron dos conciertos a sala llena en el teatro Grand Rex, despidiéndose del público bonaerense y dejando sus raíces muy bien instaladas en los recuerdos de todos.

Julieta Dorio Laura Tenenbaun En Cultura May 30, 2015

En el marco de su gira mundial de despedida “Adiós Tour”, la legendaria orquesta cubana Buena Vista Social Club brindó dos conciertos en un teatro Gran Rex a punto caramelo. Localidades agotadas; miles de personas, argentinos y cubanos, se juntaron para disfrutar de estos embajadores de la música cubana.

Durante dos horas de show los artistas pasearon al público por sus clásicos, mientras en la pantalla ubicada en el fondo del escenario mostraba a sus estrellas que ya no están entre nosotros, como Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Rubén González, Manuel “Puntillita” Licea y Pío Leyva. Los aplausos y las bullas de respeto se hacían presentes cada vez que alguno de estos grandes músicos aparecía en la pantalla.

Luego de una intro de piano, ejecutada a la perfección, la orquesta de 14 músicos, con la dirección musical del trombonista Jesús “Aguaje” Ramos, comenzó con los acordes de El trombón majadero y desde el momento cero el público estalló en aplausos.  En medio del tema, una versión de Over the rainbow que tuvo como cantantes a todo el público terminó de ponerle calor a una noche que recién empezaba.
 
Abundaron los solos de cada instrumento. Fue claro el disfrute de cada artista en su momento de improvisación en lo que se sentía como una despedida de los escenarios. Parecían interminables shows dentro del espectáculo.

A casi una hora de show, entró ella. Y el mundo paró. Con su presencia inmaculada, su carisma arrollador y una sonrisa que todos nos guardaremos para siempre, Omara Portuondo apareció en escena cantando Lágrimas negras. Al escuchar su voz es imposible adivinar su edad.
 
“Estoy contenta de estar en este hermoso país. Muchas gracias por estar con nosotros”, dijo al micrófono y el público la ovacionó de pie.
 
Bajaron las luces y el escenario quedó reducido al lugar que ocupaba el piano. En un momento muy íntimo, Omara se sentó al lado del virtuoso pianista Rolando Luna y comenzó a cantar el tema 20 años. Estaba en el escenario, pero era como si estuviera cantándonos al oído de cada uno de los presentes.

La potencia de su voz, el baile que realizan las notas al salir de su boca, su mística y su encanto  lograron hacernos llorar a más de uno, movilizando cada fibra de nuestro cuerpo.
 
Le siguió una hermosa versión de El día que me quieras, con unos matices pocas veces escuchados en ese tango. Como si hubiera visto las lágrimas rodar por nuestras mejillas, como si supiera el nivel hipnotizador que tiene con su público, continuó cantando No me llores más.

“Les voy a presentar, porque ya estoy en confianza con ustedes, a mi esposo. ¡Papi, levántate!”, ordenó Omara a Papi Oviedo, y se pusieron a bailar juntos y hasta nos regalaron un meneo hasta pocos centímetros del piso. Luego llamó a Barbarito Torres, quien se acercó con su laud, y comenzaron los acordes de Quizás, quizás, quizás. Con un gesto, Omara invitó al público a pararse y bailar y todo el Gran Rex se convirtió en el Buena Vista Social Club de La Habana.

Con toda su sensualidad, Omara se retiró del escenario y comenzó a sonar Chan Chan. Durante el solo de laúd de Barbarito, el sonero Carlitos Calunga dijo al público cantando: “Cualquiera. Ese instrumento lo toca cualquiera”. Y en un acting maravilloso, Barbarito se ofendió y le dio el laúd gritándole: “¡Que lo toques tú!”. El cantante entonces nos deleitó con unos acordes y Barbarito se puso de espaldas a él y de frente al público, tiró sus manos para atrás y tocó el instrumento con tal virtuosismo que el público lo ovacionó de pie.

Ya en el final del show, Ramos presentó a toda la orquesta y cuando Omara volvió a escena el aplauso duró 5 minutos. Ya nadie se volvió a sentar. Omara nos regaló un bis con Dos gardenias y desplegó una bandera que reunía las banderas de ambas naciones, la argentina y la cubana.

El público no quería retirarse del teatro. Querían una función que continuara hasta la madrugada. Entonces, mientras todos los músicos se retiraban con las bullas, los aplausos y los cantitos del público que pedían otra, Calunga nos despachó con una sonrisa. A capella y con el acompañamiento de todo el público nos despidió con un fragmento de Hasta siempre Comandante Che Guevara:  “Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia de tu querida presencia Comandante Che Guevara”.

Un cierre memorable para un show inolvidable. Adiós, Buena Vista Social Club. Gracias por todo.