Revista Digital Semanal

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Camagüey en las esculturas de Martha Jiménez

La artista parece buscar un diálogo –incluso un homenaje- con la vida cotidiana de la urbe, con el existir ininterrumpido de gentes comunes y corrientes

Flavia Demi Flavia Demi En Cultura March 13, 2017

Quien visite la antigua villa de Puerto Príncipe, deberá pasar por la Plaza del Carmen. Allí lo esperan las tres chismosas, el señor que lee el periódico, el aguador, dos enamorados… Son esculturas de bronce, pero conservan la expresividad y gracia natural de quienes sirvieron como motivo inspirador: los pobladores de la ciudad. 

“Siempre me interesó trabajar el bronce; me encanta, pero es muy difícil”, confiesa Martha Jiménez, autora de estas piezas y una de las artistas plásticas más relevantes de la provincia. Su estudio-galería se ubica en la propia plaza, en una casona colonial del siglo XIX. Bastan unos pocos pasos para acercarse a conocer el resto de la obra de Martha, y a ella misma. 

Hay mujeres por todas partes: en lienzo, en arcilla, silenciosas, divertidas, durmientes. La figura femenina constituye el leitmotiv de su creación, que, lejos del canon occidental de belleza, representa mujeres voluminosas, mestizas, con el pelo rizado. Criollas y sensuales.

La artista parece buscar un diálogo –incluso un homenaje- con la vida cotidiana de la urbe, con el existir ininterrumpido de gentes comunes y corrientes. Esa sencillez también la lleva en sí misma. “Hago lo que me gusta. Casi siempre reflejo elementos del medio donde convivo”, reafirma.  

En este sentido, el crítico de arte Luis Álvarez Álvarez, comenta: “La preocupación de Martha por lo autóctono, logra reafirmar esa cubanía con personajes de antes, hoy o mañana; con marcado sabor tropicalista”.  

Además de esta corriente, que podría enmarcarse dentro del costumbrismo, Martha desarrolla una línea más conceptual. Ruedas, botes, peces, bicicletas, gatos… configuran un universo simbólico que rebosa dinamismo, riesgo y sorpresa. Lo onírico es su atmosfera. 

Las piezas de cerámica nacen directamente de sus manos, sin bocetos. “Voy levantando y voy creando”, dice, mientras modela en el aire alguna criatura imaginaria. Cuando utiliza partes de hierro, primero compone en barro y después ensambla el metal. 

Todo lo que se muestra en el estudio son obras originales. Este espacio acogedor, establecido en las inmediaciones de la plaza desde 2009, cumple el triple objetivo de servir para la producción, exposición y comercialización.  

Durante años Martha se ha desempeñado además como profesora, y actualmente tiene un taller con niños, el cual persigue, más que convertirlos en artistas, que sean mejores personas. Varias piezas de la autora dejan entrever ese interés por el mundo infantil. 

Diversas obras suyas se encuentran en centros culturales y colecciones privadas de Argentina, Estados Unidos, Francia, Alemania, España, Canadá, México, Chile y otros países. Varios premios en Cuba y el extranjero legitiman el éxito de su trayectoria.