Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

Email: editor@cubaesotrahistoria.com.ar

Historias del exilio, "La Guardería" argentina en La Habana

”Tengo un recuerdo de una infancia feliz”, dijo Virginia Croatto en una entrevista exclusiva con Cuba es otra historia horas antes del estreno de su película “La Guardería” en el cine Gaumont de Buenos Aires. El material fílmico trata la historia de los niños que vivieron en la época de la dictadura militar argentina su exilio en Cuba.

Ari Lijalad Productora Cinematográfica En Cultura April 4, 2016

En la semana del estreno de película “La Guardería”, su directora, Virginia Croatto, afirma que quiso “contar una infancia”. Una infancia, la suya y la de muchos niños y niñas, enmarcada en la historia de la solidaridad cubana con los hijos de militantes políticos de Latinoamérica. Ella misma vivió en “La Guardería”, ese refugio comunitario en La Habana, de los 3 a los 7 años. Llegó exiliada junto a su madre tras el asesinato de su padre, Armando Croatto, dirigente peronista, ex diputado en 1973 (cargo al que renunció en 1974 por los cambios en el Código Penal que impulsaban la represión), referente del Bloque Sindical del Peronismo Auténtico y miembro de Montoneros. Pero, para Virginia, no se trata de contar la historia de sus padres sino la suya propia, con sentimientos y emociones a cuestas, pero con la firme decisión de no victimizarse. “La Guardería” tiene un objetivo: que jóvenes con experiencias dispares puedan identificarse con una historia de infancia marcada por su época.

A: ¿Cuándo decidiste que querías contar la historia de “La Guardería”, más allá de haberla vivido?

V: Yo creo que no hubo un momento revelador.  Se fue construyendo. El primero que me dijo que tenía que hacer algo fue Coquito (por el documentalista David “Coco” Blaustein). Me dijo: “¿Vos viviste en la guardería?”. Yo era chica, estaba trabajando con él en Botín de Guerra.  En aquel momento yo era muy chiquita, no me parecía nada interesante. Y con el tiempo vas encontrándole algunas preguntas a esto. Lo tenía medio cristalizado, como si fuera algo normal en mi vida, y no había muchas preguntas, hasta que también te empiezan a decir que es una historia interesante o una historia rara por lo menos. Así que empiezan a hacerte preguntas, que suele pasar, y entonces uno va dándose cuenta que tiene un montón de aristas. Así que fue un trabajo a fuego lento.

A: ¿Que te habían contado? Porque para vos tal vez era normal pero tener 3 años, donde más o menos tienes un registro, empezar a tener registro de memoria estando en Cuba y después volver en 1983, a los 7 u 8 años, donde ya hay un registro. ¿Te parecía normal haber estado en una guardería en otro país y de repente volver a la Argentina?

V: Si, claro. Me parecía normal porque era como vivía. Viste que uno cuando es chico piensa que la vida de uno es la vida de todos. Me parece que me empezó a llamar la atención cuando nosotros volvimos y mi mamá me decía que no dijera que había vivido en Cuba. La mentira de que habíamos vivido en México. Otra de las chicas contó que había vivido en Córdoba. Por el acento le decían los porteños que era cordobesa. No sé cuál era la excusa para la muerte de mi viejo, pero yo claramente no tenía que hablar de la militancia. Y tampoco de Cuba. De hecho pasamos por México para hacer todos los papeles como que habíamos vivido allí en el exilio, no en Cuba. Entonces yo llegué a Argentina y lo que fue anormal para mí fue estar acá, no al revés. No sólo por la guardería sino por Cuba. Estamos hablando de una Cuba en el momento quizás más bello de la Revolución, donde no faltaba nada, donde la ilusión del hombre nuevo estaba a pleno. Ideológicamente estaba en un momento muy fuerte Cuba. Entonces todo el mundo te apoyaba.

A: Claro, no te tocó el período especial.

V: No, claro. Después yo fui en el período especial. Pero en la guardería no. Y además todos mis compañeritos de la escuela nos adoraban. Había como una cosa de solidaridad internacional que ellos se sentían parte, el pueblo cubano, de esto. Había solidaridad con nosotros. Es un pueblo muy cariñoso.

A: Y como nena, ¿cómo lo viviste vos? Más allá de que eras chiquita, la situación era llegar ahí luego del asesinato de tu padre. ¿Qué recuerdo tienes? ¿Fue una infancia feliz?

V: Yo tengo un recuerdo de una infancia feliz. Eso no quiere decir no sea parte de una novela que uno se hace, ¿no? Yo tengo un recuerdo de una infancia feliz. Yo sabía mucho aunque era chica, y tenía mucha información. Mi mamá no me mentía y tenía mucha claridad de lo que pasaba. Tengo un diario íntimo de esa época, donde yo digo que mi papá iba a reuniones políticas. Tenía 8 años cuando mi abuela me lo regaló y empecé a escribir. Entonces, yo tengo un recuerdo feliz de la guardería. Mi mamá estaba a cargo de la segunda guardería (con otros compañeros), pero yo tengo la sensación de que no tuve una familia muy típica, con lo malo también que tiene eso. Había una madre mirando a un montón de los pibes que estaban ahí. Y por ser justa y por no hacer privilegios, siempre me tuvo como una más. Hubo momentos de madre e hija, tengo un recuerdo de un cumpleaños o momentos que quizás eran particulares, pero mi mamá trataba de ser bastante justa con todos y no había mucho privilegio para mí en ese sentido. Entonces lo que implica también eso, no tener una mirada más personalizada. Ahora, era la ideología de la época. Había como un intento de criar socialmente desde lo ideológico. Ellos pensaban que estaba bien, esto de criar en comunidad a los pibes.

A: ¿Vos que edad tenías cuando lo asesinan a tu padre?

V: Yo tenía 3 años. Lo que pasa es así. Mi papá entra con la Contraofensiva con nosotros. No tengo el detalle de porqué. Supongo que como mi papá era una persona pública porque había sido diputado, fue para dar algún marco de familia. Como que llamaba más la atención un hombre sólo que una familia. Entramos todos, a papá lo matan en septiembre de 1979 y ahí nos vamos. Mi mamá, cuando se da cuenta que no vuelve, agarra las cosas y nos lleva afuera. A mí no me contó, tenía miedo que yo hablara, pero a mi hermano Diego si se lo dijo, que papá no había vuelto y que había que levantar la casa. Había mucha conciencia. Esto parece fuerte ahora. Mi mamá dice que un día mi hermano volvió pálido del jardín porque a “Vicky” se le escapó el nombre. Se me había escapado el apellido real.

A: ¿Te decían Vicky?

V: La familia paterna me dijo siempre Vicky. O sea, si vas a pensar en una infancia feliz estas cosas son muy fuertes para un pibe. La clandestinidad, el miedo, la persecución, el ver a tus viejos tristes cuando se moría alguno. Yo no tengo recuerdos en Argentina de esto. Sí en Cuba. Pero seguramente es fuertísimo.

A: ¿O sea que la Vicky del tráiler de la película, que graba en un cassette que van a volver a la Argentina, sos vos?.¿Y esa grabación es real, dijiste eso?

V: Si, esa soy yo. Yo siempre pensé que iba a usarlo para la peli, pero mi vieja es tan elíptica cuando le cuenta a mis abuelos que no se entendía muy bien. Por eso no quedó en la película. En esa época se usaba mucho eso de mandar cassettes. Y ella le manda a mis abuelos paternos. Porque cuando lo matan a mi papá ella primero se va a España y mi abuela viaja allá a acompañarla. Y entonces, con esa abuela, mi mamá mandaba cassettes.

A: Hay algunos hijos de desaparecidos, con historias parecidas a la tuya, que fueron muy críticos con las decisiones de vida de sus padres por relegar a la familia o volver con los hijos al país para la Contraofensiva. Un ejemplo es el caso de María Inés Roqué, que lo cuenta en la película “Papá Iván”. También está el caso de Benjamín Ávila. ¿Cómo es tu postura, y sobre todo con tu viejo, que es el que te falta?

V: Yo tuve mis momentos, recuerdo haberlo hablado en análisis. Te diría que nunca me terminé de animar a cuestionarlo como si fuera María Inés. Por lo público, de lo que ella dice en la película, que me parece bárbaro... tan frontal, en esos términos, me parece que nunca me animé. Si con cuestionamientos más míos, menos frontales, pero no es que no tuviera. Yo creo que en cada uno de nosotros conviven momentos de las dos cosas. En la adolescencia, por ejemplo, yo tengo más ese cuestionamiento. Pero yo creo haberme enojado más con mamá que con mi viejo, porque en algún lado estaba muy idealizado. Y yo hice una cosa más identificatoria. Tenía 13 años y quería militar. Hice una cosa de querer seguir sus pasos. Me parece que con los años una va eligiendo su propio camino, pero te diría que en mi adolescencia fue más así. Mi hermano hizo otro proceso. Diego, mi hermano, era más grande, él estaba como más enojado, así como lo reivindicaba igual, porque tengo algún escrito de él que dice “mi viejo está presente” en su vida. Diego tenía una cosa más cuestionadora. Alguna vez dijo “Papá nos ponía en peligro a todos”. Que también tiene que ver con las personalidades y con las edades de cada uno.

A: Claro, con 7 años ya tenía más registro de lo que pasaba en el momento.

V: Si, la habrá pasado peor, por lo menos conscientemente.

A: ¿Cuándo fue la primera vez que volviste a la guardería?

V: Fui en el 87 por primera vez a Cuba después de nuestro regreso. Y ahí fuimos a la primera. Viste que hubo dos edificios. Hubo uno primero, que el libro de Analía Argento habla más de esa guardería. Esta guardería fue un edificio que no estaba preparado para tener chicos. Era como un tiempo de transición mientras el gobierno cubano preparaba uno mejor. Yo en la película esto mucho no lo cuento porque me parecía que el dato duro no importaba, no venía al caso. Y después nos mudamos a esta otra casa en Miramar. Y en ese viaje del 87 fuimos a la primera guardería, a buscarla. Y la buscaba, la buscaba y no terminaba de encontrarla. Y creo que la primera vez que la vi fue en el viaje del 91, porque fui medio seguidito a Cuba. Yo siempre decía: “Yo no voy a llorar, no soy así, sensible”. Pero llegué a la puerta y me largué a llorar. Después me bañé en la playita que nos bañábamos todos. Y fue como si el círculo se cerrara.

A: ¿Seguiste en contacto con tus compañeritos de la guardería? ¿O te los fuiste cruzando en la investigación?

V: Hubo de todo, al ser un grupo tan diverso. Un parteaguas para mí fue el indulto. Ahí hay que ver la historia de la organización (Montoneros) post vuelta de la democracia. Mi mamá se alejó de lo que quedaba de la organización, de los compañeros. Por ende, me alejé un poco yo, porque era más chica. Sin embargo, me seguí viendo con hijos de compañeros que compartían nuestra visión política. Entonces, con alguna gente me seguí viendo durante toda la vida, y a otra la dejé de ver algunos años y me la reencontré antes de la película. Pero estuvo re bueno eso, porque quizás la excusa de la película hace transitar esos caminos. Reencuentros, charlas pendientes. Con cada uno tengo un caso distinto. Alguno que no quiso participar me quedé más alejada, porque me cuestionaban qué iba a decir en la película. Y cuando me dieron vía libre, cuando confiaron, nos reencontramos.

A: ¿Y qué es lo que quisiste contar con esta película? ¿Qué querés que le deje la película a un joven que mire la película que no haya vivido esa historia?

V: Lo que a mí me parece interesantes es contar una infancia. Una infancia con estas características particulares. Algo a lo que yo aspiro es que uno se identifique aun habiendo vivido en un country, o en un barrio, ¿no?. Cómo uno tramita los conflictos familiares, me parece que es común. Y contar esta infancia particular, como una infancia en un momento muy difícil. Hay que desdramatizar. Fue una infancia complicada, claramente. Muchos de nosotros nos enteramos de chiquitos que se moría uno de nuestros viejos, o los dos. Pero, un pibe de una villa o un pibe que vive en México, para no irme a Siria, también tiene una infancia difícil. Fue una infancia difícil pero que tuvo un marco particular.

A: En lo que contás no te ponés en lugar de víctima de esta historia.

V: No. Yo trato todo el tiempo esto, porque me parece que eso obtura, no deja pensar. No voy a decir que estuvo lindo. Más vale que tuve un montón de sufrimiento por no tener a mi papá cuando era chiquita, en el momento que una más lo necesita. O mismo ahora, que me gustaría que viera crecer a mis hijos. Eso no está fuera de mi vida. Pero la verdad es que eligió determinado camino militante y era consciente de lo que pasaba. Y ya tango 40 años. Y uno se dice que con lo que le pasó tiene que hacer algo, porque sinó se queda siempre en un lugar de queja, ¿no?. Me parece que en la película está todo el tiempo el salir de ese lugar. No me quiero hacer la distraída con los dolores, porque hasta la vuelta a la Argentina yo la cuento como un dolor. Los dolores están ahí. Pero nosotros no somos más víctimas que otros.