Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

Email: editor@cubaesotrahistoria.com.ar

Senel Paz: “Nunca abandono a mis personajes ni ellos a mí”

En entrevista exclusiva con “Cuba es otra historia”, el destacado intelectual cubano abordó diferentes facetas de sus obras literarias, de cine, política, economía, periodismo y de la actualidad cubana.

Michel Hernández, Colaborador Ernesto Salazar En Cultura June 24, 2016

Cuando en 1990 Senel Paz ganó el Premio Juan Rulfo de Radio France Internacional con su cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, las letras cubanas entraron en otra dimensión, pues así cambiaban no sólo las maneras de entender y hacer literatura, sino además los preceptos que hasta el momento se tenían de la sociedad y sus entresijos más complejos. No obstante, tres años más tarde este relato largo o novela corta, editado hoy en casi una veintena de países y traducido a 11 lenguas, encontraría en Fresa y Chocolate —largometraje cubano dirigido por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, cuyo guión cinematográfico correspondería al propio Paz— una unidad complementaria.

 

Por aquel entonces “las cámaras y periodistas de todo el mundo se encontraban en La Habana para reseñar el final de la Revolución, luego del derrumbe de la Unión Soviética”; en tanto la sociedad cubana padecía el estigma de la homofobia o, a grandes rasgos, de la crisis de valores. Escenario donde, quizás, persistían temores en torno a la censura o a la asfixia del genio creador del intelectual cubano.

 

Pero estas condiciones no impidieron que los cineastas concibieran el filme, porque —según comenta Senel Paz— “cuando sientes la necesidad o la inspiración de hacer una obra, no piensas en las dificultades o incomprensiones que pueda tener”. Porque tanto Gutiérrez Alea, como Juan Carlos Tabío y el propio Senel llevaban implícito la voluntad de defenderla y estaban “preparados para cualquier contratiempo”, a razón de lo cual no pusieron límites.

 

De esta manera la película se abrió camino por sí sola. Se reafirmó como obra de arte, demostrando que “la crítica es posible, deseable y efectiva en el contexto de una revolución como la cubana. Aquellos a quienes no les gustó se limitaron a débiles gestos simbólicos como no transmitir el filme por televisión o no festejar sus aniversarios. Como en el 2014 —insiste el autor de El niño aquel (1979) —, cuando se cumplieron 20 años y se celebró en tantos lugares, excepto en La Habana y en el ICAIC, su productora principal”.  

 

Más de veinte años han trascurrido mediados por fuertes procesos de retroalimentación entre el autor y los lectores de El lobo, el bosque y el hombre nuevo. Procesos en los cuales Senel Paz ha adquirido insoslayables  testimonios y sobre los que le encantaría escribir.

 

Si bien en los años en los que concibió el relato apenas dejó asuntos en el tintero, a la luz de este 2015 le gustaría retomar temas como la soledad y la vejez, la necesidad de la familia o el humor como recurso de defensa y ataque. O profundizar, quizás,  sobre las relaciones entre personas con diferentes proyecciones en la vida para indicar que tolerancia no equivale a perdón.

 

Tal vez le interesaría abundar en la vida sexual de Diego, personaje homosexual del relato; piensa que podría ser divertido e interesante y porque “nunca abandono a mis personajes ni ellos a mí”.  Explorar, por qué no, los recovecos de la jerga homosexual, el particular y rico uso del lenguaje.

 

Pero Senel Paz -un escritor cubano que padece “la suerte de la mala memoria”, quien relee libros, siempre con la impresión de que son nuevos, colecciona ediciones de El gran Meaulnes, de Alain Fournier, que no repasa más allá de las primeras veinte páginas por temor a que se rompa el encanto- es también un guionista de cine. Un guionista para quien el transcurrir del séptimo arte en Cuba es “una bella historia, fundamentalmente la del cine estatal, bien proyectado y gestionado durante décadas aunque, como toda obra, tiene sus manchas”.

 

Para este escritor, no obstante, el cine cubano enfrenta hoy muchos desafíos. El primero de todos: seguir existiendo. “Muchas son las reglas que han cambiado en Cuba y el mundo. Hoy el Estado no pude financiar una cinematografía en los mismos términos de antes, cuando el ICAIC era casi un imperio. Pero tampoco acaba de encontrar el modo de convivir con productoras e iniciativas independientes que escapan a los viejos conceptos de tutela”.

 

Si bien en Cuba el Estado nunca ejerció un control sobre los rumbos y contenidos del cine, para Senel Paz ahora se trata no sólo de “no ejercer control, sino admitirlo y legislarlo con consciencia de que seguimos hablando de cine cubano, nacional, revolucionario e inconforme”.

 

En la actualidad, el séptimo arte está internamente mal estructurado y poco estimulado, sin un proyecto concreto para su recuperación. El cine y el audiovisual en el país no son una prioridad, q menos que aparezca un hueco en la agenda.

 

“Lo político», por su parte, continúa planeando con exceso sobre la cinematografía cubana. Lo político y lo social sólo son válidos y funcionan en el arte cuando se trata de una necesidad orgánica, no cuando son inducidos por otras razones, incluidas las comerciales o la propaganda. Existe una identificación simplista entre cine cubano, cine social y políticamente crítico, lo cual altera la naturalidad y libertad de la creación. Ello empuja a lo monotemático, hacia un tipo de película superficialmente provocativa, en las cuales la «puya» sustituye a la reflexión y el contenido”, comenta el autor de En el cielo con diamantes (2007).

 

La “puesta en escena” de un observador sentimental de la realidad

 

Senel Paz vive permanentemente en un mundo de ficción, en la memoria afectiva. En las nubes, según dice. Desde hace muchos años comparte su vida con la destacada cineasta cubana Rebeca Chávez, de quien ha aprendido más de lo que él ha podido enseñarle, pero mantiene una relación amorosa con México: país que ha visitado en disímiles ocasiones, con cierta regularidad en los 90´s, un país “demasiado grande, profundo y diverso como para apresarlo en visitas”.

 

En tanto que el deporte, como competencia, termina por ponerlo nervioso, pues tiene la impresión de ser una suerte de amuleto maldito para los equipos por los que apuesta. Razón por la cual prefiere enterarse de los resultados al día siguiente o una semana después.

 

Senel Paz, además de guionista de cine  y escritor, es periodista. Graduado en 1973. Sin embargo, cuando se accede a sus biografías en internet, poco se dice de esta profesión. Siempre el escritor y guionista en primer lugar, quizás porque Senel no tiene “naturaleza, personalidad ni talento para el periodismo”, de lo cual se percató muy pronto, según comenta.

 

“Nunca me corre prisa por enterarme de las últimas noticias. Me da igual el periódico de hoy que el del mes pasado. No me interesan los personajes de actualidad. No me atraen. No abandono un café por ir tras ninguno de ellos. No creo que el periodismo haya tenido repercusión en mi vida literaria. El teatro, la música, el cine y caminar, sí. No soy curioso, sólo un observador sentimental de la realidad, casi un autista social”.

 

Sin embargo, como autista social apela a la información pública que le brinda el hecho de ser, también, un observador sentimental de su realidad. Una realidad cambiante, con intensas transformaciones en el campo económico. De esta manera Senel intuye que los cubanos esperan que la Ley de Inversión Extranjera efectivamente atraiga inversiones extranjeras, que la agricultura se haga eficiente más allá de las páginas de los periódicos, que se alcance al fin la unificación monetaria, que el Estado recupere su prestigio como administrador a nivel de calle, no sólo con planes macroeconómicos.

 

“La economía no avanza con rezos, consignas, donaciones ni porque simplemente tengamos la razón. El hecho de que estas medidas no den resultados espectaculares e inmediatos las hace creíbles y confiables. Abren expectativas”.

 

“La principal derrota del Socialismo no se ha dado en el plano económico, sino en el lenguaje, esa retórica que nos acompaña. En este asunto la mayoría de los intelectuales y la dirección del país tenemos puntos de vista totalmente encontrados: donde nosotros oímos retórica, ellos escuchan Stradivarius”.

 

Pero, dice el intelectual cubano, también existen reservas en Cuba, pues el país está acostumbrado a que el último plan se presente como el realmente bueno, el que resolverá todos los problemas. Aún resulta difícil entender “por qué una economía que se precia de planificada te hace vivir con el constante sobresalto de que algo falta en el mercado. Cuesta trabajo asimilar que un país tropical y azucarero como el nuestro no produzca caramelos y dulces”.

 

“De igual manera deberíamos tener una industria cultural y del ocio fuertes; no sólo ser potencia musical, sino también disquera, de producción de instrumentos, espectáculos, diseños, enseñanza. Los economistas apuestan por el Mariel y los entiendo, pero yo apuesto por La Habana que propone Eusebio Leal”, aseguró a Cuba es otra historia.     

 

Finalmente Senel Paz no puede desligarse de su sentir por el séptimo arte y el teatro y tal pareciera que prepara una puesta en escena cuando concluye: “el guión «Actualización del modelo económico cubano» busca sin dudas beneficiar a todos los sectores de la sociedad. Me da la impresión que hay un buen director, comprometido y dispuesto a emplearse a fondo, que ha fichado un buen equipo al que escucha y deja trabajar. Ahora bien, una película nunca es sólo el guión, éste no es más que el punto de partida: es, sobre todo, el trabajo colectivo, la experiencia concreta de realización y una labor inspirada y profesional. Lo importante es intentarlo a fondo, luego ya dirán los espectadores la última palabra”.