Revista Digital Semanal

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Wushu, huella viva de los chinos en Cuba

Todas las personas, descendientes chinos o no, hombres y mujeres, niños y ancianos, pueden practicar distintas modalidades de wushu

Redacción Yailín Alfaro Guillén En Cultura Feb. 22, 2017

Haber rescatado la cultura china en la Isla, sus costumbres, el idioma, la danza del león y del dragón, los bailes típicos, la celebración del Año Lunar y la Fiesta de la Primavera, así como la integración del traje típico de wushu entre los practicantes, son algunos de los más notables logros de la Escuela Cubana de Wushu, tras más de 20 años de fundada. 

La institución, dirigida por el maestro Roberto Vargas Lee, cuenta con representaciones en todo el país, y más de cinco mil afiliados. Su sede central está en la calle Dragones, en el Barrio Chino de La Habana. 

Muy cerca, se encuentra su área principal de entrenamiento, donde decenas de deportistas y estudiantes acuden a practicar una de las más populares modalidades de las artes marciales chinas que allí se imparten, el tai chi chuan, en sus variantes deportiva y tradicional.

Los orígenes de la Escuela se remontan a 1994, cuando el maestro Vargas Lee fue seleccionado para estudiar wushu en China. A su regreso, el año siguiente, la Asociación Cubana de Wushu, cuyo nombre cambiaría luego por el que se mantiene hasta hoy. 

Todas las personas, descendientes chinos o no, hombres y mujeres, niños y ancianos, pueden practicar distintas modalidades de wushu. Los ejercicios realizados permiten prevenir enfermedades y mejorar la salud. 

Desde 2001, la Escuela es reconocida por la Federación Internacional de Wushu en China, la Federación Cubana de Artes Marciales y el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER). 

Su labor se extiende a otras tradiciones de origen oriental, como el teatro chino, la comida, el té, la música, el cultivo de la espiritualidad… Asimismo, buscan fomentar valores humanos como la humildad, el respeto, la disciplina y la solidaridad para con los demás. 

Al decir del maestro Vargas Lee, se trata sobre todo de una forma de vida, que aspira a un individuo en armonía consigo mismo y con la sociedad. El wushu y todo el movimiento a su alrededor, confirma que las huellas de la cultura china en Cuba trascienden lo meramente histórico o patrimonial, y constituyen una experiencia cotidiana y viva.