Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

Email: editor@cubaesotrahistoria.com.ar

El antes y el después de Alfreditín, un joven cuentapropista

Al calor de las medidas económicas que se aplican en Cuba desde 2010 surgieron o reaparecieron trabajadores por cuenta propia. La perseverancia, el esfuerzo y las esperanzas de los nuevos protagonistas.

Arturo Chang, Colaborador Arturo Chang En Economía May 13, 2016

Alfredo García Ramírez, más conocido como Alfreditín, tiene 22 años y vive en la central ciudad de Ciego de Ávila. Puede dar la impresión de que logra entrar a Facebook en la zona Wifi del Parque Martí porque recibe recursos desde el exterior, pero esto no es tan así, ya que tiene familiares trabajando como cooperantes de la Salud en el extranjero.

 

Alfreditín buscó su camino a través de las aulas de las enseñanzas primaria, secundaria y bachillerato, pero como “ni todos podemos ser universitarios ni tampoco debe ser bueno que lo seamos porque cada uno debe estudiar lo que le haga falta”, aceptó los derroteros que le impuso la vida.

 

En la modalidad de empleo por cuenta propia impulsada con mayor fuerza en Cuba desde el 2010, en la provincia de Ciego de Ávila hay 14.272 personas, de las cuales el 36,5 por ciento son jóvenes entre 17 y 25 años de edad, precisamente el grupo etario de Alfreditín.

 

Luego de cumplir el Servicio Militar, tomó un breve curso para capacitarse como cantinero en algún bar, pero aún con tales conocimientos se encaminó como trabajador no estatal, en la categoría de ayudante de un vendedor de productos agrícolas.

 

Debido a jubilaciones y enfermedades, en estos momentos su salario es prácticamente el principal sostén del hogar, aunque su madre como cooperante de la Salud en Venezuela aporta recursos que han servido para reparar la vivienda y para dotarla de equipos electrodomésticos.

 

Es reservado al hablar de cuánto gana, pero asegura que es suficiente porque la cantidad que recibe por una semana de labor es muy superior al salario de cualquiera en un mes.

 

Cuentan que el segundo domingo de mayo, Día de las Madres, hizo regalos a sus abuelas, a su tía y en un simpático gesto se dirigió a su madrastra con el obsequio: “y esto es para ti, que eres mi otra mamá”. Admite que de no ser por su actual trabajo, no hubiera podido comprar tales presentes.

 

“Sí, ya sé -dice- que los precios están bajando, pero como yo estoy en un grupo legalmente autorizado a fijar los precios según las reglas de la oferta y la demanda, cobramos caro y gano bastante, más que mi mamá que es Licenciada en Enfermería y trabaja en Venezuela. Tuve la suerte de ser de los últimos que aceptaron en esa categoría de cuentapropistas, por eso en vez de gastarlo todo según entra el dinero, voy a guardar. No tengo planes concretos, pero sé que si dispongo de cientos o miles de pesos, podré invertirlos y tener mi propio negocio, que aún no sé cuál podría ser.”

 

Casualmente, mientras lo entrevisto, oímos una conversación referida a una vecina que llegó de Miami como “mula” trayendo paquetes para que le pagaran el viaje, mientras que otros querían repatriarse a Cuba para hacerse tratamientos médicos.

 

Lo miro. Parece haber interpretado una pregunta y comenta:

 

“Yo estoy bien aquí.”

 

Y no parece referirse a pertenecer a los 155.554 jóvenes que hay entre los 507.342 cuentapropistas cubanos autorizados a ejercer oficios por cuenta propia. Seguramente se refería a un lugar geográfico.