Revista Digital Semanal

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El cuentapropismo: Una modalidad que crece

Es un fenómeno que recorre a toda Cuba y que le permite a los cubanos desarrollarse en otros ámbitos y a los turistas, mayores y mejores servicios.

Jimena Riveros En Economía May 23, 2015

Los trabajadores por Cuenta Propia (TCP) o más conocidos como cuentapropistas cubanos vienen en un interesante ascenso en estos últimos años.
Desde el gobierno y como parte de la reforma establecida por Raúl Castro se fueron aprobando leyes y reglamentaciones en forma paulatina que abrieron el mercado de forma trascendente para los particulares.
 
A finales de 2010, el gobierno aprobó 178 categorías de autoempleo, que luego fueron ampliadas a 181. Allí se comenzó primero con las autorizaciones para peluquerías y comercios gastronómicos al paso, así como la matriculación de oficios, de esta forma por ejemplo aquellos que trabajan como albañiles en forma privada y sin ninguna garantía a partir de ese momento pudieron “legalizar” su trabajo u oficio.

Ese año y según el informe presentado por la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba la cifra de trabajadores por cuenta propia ascendía a 429.000 personas.

Entre las ocupaciones más comunes figuran la venta de alimentos, transporte, venta ambulante y alquiler de viviendas. En 2012 sesionó el coloquio sobre trabajo por cuenta propia que abordó en forma específica las  diferentes variantes de gestión económica no estatal, como parte de los cambios y transformaciones del modelo económico cubano. 

De ahí en adelante el cuentapropismo empezó a asumir un rol muy importante en la vida de los cubanos porque al haber más comercios no estatales surge la competencia y la oferta, tanto para  los cubanos como para el turista es día a día mas grande.

Según datos oficiales, a fines de 2014,  un 27% de los servicios gastronómicos y de reparación en Cuba son gestionados por cuentapropistas. Tal es así que la viceministra de Comercio Exterior Ada Chávez le dijo al diario Granma: "Los servicios que continúan en la órbita estatal se incorporarán, de manera gradual y ordenada al sector privado”.

Y aclaró que de todas formas  "se mantiene invariable la propiedad del Estado sobre los principales medios de producción aunque los equipos, útiles y herramientas podrán alquilarse o venderse".

Los precios de esas prestaciones no estatales se determinarán mediante oferta y demanda, a excepción de los que se decidan centralmente, como el de los cigarrillos y ron.

Los nuevos emprendimientos están a la vista de todos. Quienes tuvieron la posibilidad de visitar Cuba en varias oportunidades en los últimos años pueden dar fe de lo mucho que cambiaron las calles isleñas porque el cuentapropismo no se ve solo en las capitales sino que es un fenómeno que llegó para quedarse a lo largo y ancho de la Mayor de las Antillas.
 
A modo de muestra, tomamos tres casos testigo de rubros muy distintos. Uno de los más conocidos son las casas particulares que ofrecen hospedaje al turista a un precio menor que el hotel. Estas casas surgen a mediados de los 90, mucho antes que empiece a instalarse la posibilidad del negocio propio. Allí el Gobierno encontró esta opción para satisfacer la demanda turística bajo la supervisión del Estado que es quien concede las licencias en tanto reúnan las condiciones necesarias requeridas en materia de seguridad, higiene y privacidad de los ambientes.

Según la provincia y la ubicación de la casa, la habitación doble cuesta entre 20 y 30 CUC diarios (entre 25 y 35 dólares aproximadamente) para dos personas. Esta opción de hospedaje particular está también en aumento.
 
El segundo caso y quizás el más visto está vinculado a la gastronomía no estatal. Si bien los llamados paladares existen desde hace décadas, la oferta e incluso la modalidad ya cambiaron.
 
Los paladares son restós ubicados por lo general adentro de las casas y ofrecen un servicio exclusivo sumado a un ambiente por lo general muy cálido y de excelente nivel. Con los permisos para generar un negocio particular, surge en Cuba una nueva camada de restoranes en locales visibles, con una oferta gastronómica destacable e incluso de comidas típicas: mexicanas, italianos y hasta iraníes.
 
Cada vez son más los cubanos residentes en el extranjero que deciden invertir en su propio país poniendo en muchos casos a sus familias, que viven en Cuba, a trabajar allí.

También están aquellos que sin familia afuera transforman su garaje o portal de su casa en su propia empresa. En el municipio de Playa (La Habana) hay una pizzería en una calle poco transitada que desde las 10 AM y hasta las 7.30 PM no para de trabajar: “Hace tres años decidimos con mi hermano poner este local. Sabíamos que la ubicación no era la mejor pero confiábamos en la calidad y originalidad de la propuesta”, dice uno de los jóvenes dueños. Efectivamente trabaja muy bien. Su carta se compone de pizzas y tacos; para beber batidos y refrescos. Ni cerveza ni cigarros. Él cree que el local funciona muy bien porque “al cubano le gusta comer bien y nosotros garantizamos eso”.
 
El tercer caso es para mi el más llamativo.

En la zona de Marianao (La Habana) y a 150 metros del emblemático cabaret Tropicana, sobre una calle cualquiera y en la terraza de una casa los sábados se convierte en una Discofinia, es decir un “boliche” para niños y niñas de entre 6 y 11 años. Funciona desde las 7 de la tarde hasta las 11 de la noche. Pasan música y ofrecen porciones de pizza y helado. Los padres si quieren se quedan. Esto también está encuadrado en un marco legal y tiene las habilitaciones pertinentes pero está claramente orientado al cubano y no al turista.

El problema más significado es quizás palpable en el segundo caso y es la ausencia concreta de un mercado mayorista real, que le permita a los gastronómicos comprar en lugares diferentes que el particular, quien muchas veces se ve afectado por las grandes compras del trabajador por cuenta propia.

Es claro que en Cuba se está forjando una nueva economía que permitirá matices de clases y donde poco a poco empieza a desaparecer la figura del Estado que todo lo subsidia para darle lugar a una nueva forma de comerciar. No obstante no atenta contra ninguno de los principios revolucionarios sino que comulga con los tiempos que corren.