Revista Digital Semanal

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El derecho al consumidor es una ficción inalcanzable

La reciente discusión de los documentos de la actualización del modelo económico cubano pone el dedo en la llaga en todo lo que se refiere a la protección al consumidor.

Valentín Rodríguez, Corresponsal Archivo En Economía Aug. 15, 2016

La vulnerabilidad de los derechos del consumidor en Cuba es una realidad muy evidente cada vez que se destapa un conflicto entre las organizaciones que prestan servicios y sus usuarios en todo el país.

 

Cuando las autoridades modifican o incumplen condiciones, se cumple el viejo adagio popular: “La soga se rompe siempre por el lado más flaco”, pues no es precisamente el proveedor quien sale afectado. Comprar un artículo electrodoméstico  y que se le dañe inmediatamente representa un verdadero vía crucis para la persona que lo adquiere, ya que los servicios de post venta no satisfacen para nada al consumidor y le crean disgustos como maltratos. Ni se devuelve el valor de la compra en muchos casos o no se tiene la pieza que ha sufrido desperfecto, ni se sustituye el equipo.

 

Otros conflictos se destapan en el terreno de las telecomunicaciones, pues a pesar de cobrar onerosas tarifas, la única teleoperadora del país ha sido incapaz de garantizar que todos los mensajes de SMS salgan y lleguen con inmediatez o que el servicio de correo desde los móviles funcione con estabilidad.

 

En la mayoría de los casos se trata de relaciones contractuales, firmadas o consensuadas socialmente, que quedan en letra muerta ante la existencia de mecanismos diseñados para que el control no escape de quien se convierte en juez y parte de una confrontación: la propia administración estatal.

 

Por eso, resulta cada vez más frecuente escuchar nuevas demandas que buscan articular iniciativas para transformar el orden y materializar los derechos consignados en la Constitución.

 

Parece que la copa colma su nivel, pues en las recientes discusiones de los documentos aprobados por el VII Congreso del Partido, se ha planteado crear una entidad independiente y calificada para que defienda realmente al consumidor y le ofrezca el reconocimiento a sus derechos.

 

Se trata de una idea que deja de ser peregrina para ganar articulación, al menos, en sumar voces y argumentos y que desarrollaremos en un siguiente artículo. De concretarse, supondría una transformación impensable en el escenario actual pero, por ahora, sólo es el sueño de unos pocos hartos de ver sus derechos avasallados, y de que la soga se rompa siempre por el lado del más débil.

 

 

El consumidor cubano necesita hace un buen tiempo una ley de protección de sus derechos. No bastan medidas puntuales, resoluciones o circulares. No bastan, porque no tienen la fuerza de lo legislado, y por lo tanto, se ignoran. Teniendo en cuenta las permanentes irregularidades a las que están sometidos los clientes de centros comerciales y de servicio, se impone dar una respuesta legal, contundente. Por lo pronto las angustias continúan, y el derecho del consumidor en la Isla es pura ficción.