Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

Email: editor@cubaesotrahistoria.com.ar

El pan nuestro por la libreta

El gobierno cubano garantiza cada mes a todos sus ciudadanos productos básicos alimenticios mediante un sistema normado que ha sobrevivido a todas las crisis económicas

Oria Estévez Ernesto Salazar En Economía Dec. 5, 2015

Un símbolo de  equidad en la sociedad cubana es, sin dudas, la famosa libreta de abastecimiento, ese documento que garantiza el Estado a cada núcleo familiar con una canasta básica de alimentos cada mes.

Representa una ayuda sustancial para asegurar algunos platos en la mesa cubana escapando de los contratiempos del Mercado de oferta y demanda. No cubre todo el mes, pero es una asignación estable y segura, a precios asequibles  y es un derecho parejo para todos los ciudadanos sin distinción de edad, sexo, raza o nivel adquisitivo.

Aún en los años más duros de la economía cubana esos productos que se expenden por la “libreta” se han mantenido de manera sistemática con un ingente esfuerzo del gobierno en el país que subvenciona cada uno  y en muchas ocasiones ha tenido que hacer inversions costosas de emergencia para que estos lleguen a tiempo a las bodegas y carnicerías, que son los los establecimientos estatales donde se venden.

A través de la “libreta”los cubanos pueden adquirir arroz, granos, azúcar, sal, pan, café, pastas, pollo embutido y huevos a partes iguales para todos y una asignación de leche, carne y compotas para niños, además de asignaciones específicas para ancianos.

A los que padecen enfermedades con requerimientos dietéticos, previo certificado médico registrado, se le garantiza carne, leche o pescado, indistintamente, así como otros suplementos alimentarios para los casos más críticos.

Entre vecinos se dice “correr la bola”a transmitir la información de casa en casa cuando comienza la venta de algo, pues se distribuyen durante todo el mes y cada producto caduca en un plazo fijado. Así ir a la bodega o a la carnicería es un acto social entre los cubanos, quienes conversan, debaten y hasta se comentan los “chismes” o sucesos de barrio mientras aguardan las filas que en la Isla son colas.

La tendencia a suspender esa venta de productos normados es parte de las medidas anunciadas para la implantación del Modelo Económico vigente en Cuba. De hecho, ya algunos de los productos que antes se distribuían por cuotas fijas ahora están a la venta libre en la red comercial sin la protección de precios que antes tenían.

Pero la eliminación definitiva de la “libreta”en Cuba no será hasta tanto se estabilice la balanza  entre el poder adquisitivo de la población y la oferta comercial, porque el Estado mantiene su política de proteger a sus ciudadanos en los servicios elementales.

Está claro que los productos que se adquieren  mediante ese sistema normado no cubren las necesidades alimentarias del mes en ninguna vivienda,  solo represdentan una ínfima parte de  lo que se sirve a la mesa cada día, pero como dice el refrán “Más vale poco que nada”  y sobre todo para las personas que tienen más bajos niveles adquisitivos representa una ayuda esencial, lo que sitúa a Cuba entre los países ajenos a la desnutrición y hambruna, según datos estadísticos del Fondo Mundial para la Alimentación.

Gracias a la “libreta”los cubanos sortean  la crisis económica con más holgura y cierta ventaja en relación con esos millones de pobres de todo el planeta que apenas pueden probar el pan nuestro de cada día.