Revista Digital Semanal

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El trébol de la buena suerte

Cuba sigue siendo una nación virgen en muchos campos, con oportunidades únicas para ser desarrolladas, tanto por las empresas y los cubanos, como por el capital internacional.

Alexa M Carlos Javier Rodríguez En Economía Oct. 9, 2015

Cuba tiene muchas oportunidades, pero también grandes retos. Inmersa en un escenario de transformaciones estructurales de su economía, el país redirecciona y perfecciona sus estrategias en la consecución de un único camino: una sociedad sustentable y próspera, sostiene el Doctor en Ciencias Juan Triana Cordoví, investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana. 

 

Hace años es denominador común en la Isla la necesidad de recuperar la capacidad productiva, erradicar la contracción de los ingresos por exportaciones, así como el crecimiento del turismo internacional, y algunas producciones nacionales que sustituyan las costosas importaciones del país.

 

En estos nuevos escenarios se desarrollan tres procesos que pueden condicionar notoriamente la búsqueda de la eficiencia y el incentivo de la productividad, el incremento de la formación bruta de capital fijo, la superación de la brecha tecnológica, y la reducción continua de la dependencia energética y alimentaria. 

 

Como un trébol de la buena suerte para la economía criolla podrían ser considerados la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), la nueva Ley de Inversión Extranjera y la unificación monetaria y cambiaria, según las definiciones del profesor Triana. 

 

Según explica, por una parte con la ZEDM estamos hablando de una plataforma que permite la inserción de Cuba en las nuevas tendencias post-Panamá del comercio mundial; además de ser un dinamizador de la exportación para el Gran Caribe.

 

La unificación monetaria y cambiaria, por otra parte, va a facilitar en el mediano plazo una mayor transparencia en las operaciones comerciales, al tener una sola moneda con una tasa de cambio que realmente refleje las condiciones de la productividad y la eficiencia de la industria del país. 

 

Por último, la nueva ley tiene como propósito la diversificación y ampliación de los mercados de exportaciones, la incorporación de tecnologías avanzadas, la sustitución de importaciones —en especial alimentos—, y la creación de nuevas fuentes de empleo.

 

A largo plazo la unificación favorecerá también la inversión extranjera, pues los inversionistas trabajarán con costos internos menores, y exportarán a menor costo, comenta. En la medida en que se expanda la balanza exportable, esto será una inyección al desarrollo industrial, y por consiguiente a la productividad.

 

Esta no es una relación dicotómica. Un país puede consolidar y diversificar mercados a la vez, un proceso que está en constante creación, señala el experto.