Revista Digital Semanal

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Empoderamiento y participación activa

El producto interno bruto se estima para 2015 con un crecimiento de poco más de un cuatro por ciento.

Valentín Rodríguez, Corresponsal Barceló En Economía Dec. 29, 2014

Concluye el 2014 y la economía cubana sigue siendo una asignatura pendiente como dijera el Presidente Raúl Castro al clausurar el periodo de sesiones de la Asamblea Nacional de fin de año.

El crecimiento del producto interno bruto alcanzó el 1,3 por ciento inferior a lo planeado que fuera de 2,2. Ello podría tener mil explicaciones pero la mesa del cubano y sus bolsillos se resienten ante esas valoraciones, que resultan para muchos incomprensibles y alejados de su cotidianidad. 


Uno de los problemas más serios que ha afrontado la economía cubana a lo largo del año ha sido la disponibilidad de divisas convertibles. Para el próximo año se planea un “saldo positivo moderado”, según informó el Ministro de Economía de la isla, Marino Murillo.


Al cierre del año, cerca de medio millón de cubanos están acogidos a formas de gestión laboral no estatal, como se le llama en Cuba “trabajo por cuenta propia” y la existencia de 329 cooperativas en diversos sectores de la economía. A ello se añade como parte de la política de perfeccionamiento del comercio que 3.750  unidades de servicios gastronómicos, técnicos, de servicios para el hogar o personales han comenzado a ser gestionadas por los nuevos actores.


También se constata que es un proceso más complejo y gradual el salto de la empresa estatal socialista, en su afán de descentralización y autonomía, en su posibilidad de retener utilidades luego de cumplir con el fisco y pagarles a los trabajadores por sus resultados.


La descentralización en materia económica, es un paso de suma trascendencia pues, implica dar pasos seguros que permitan ganar en la cultura de las decisiones y que impida que asome su rostro el espectro de la centralización, el voluntarismo y el ordeno y mando, algo tan dañino para la economía y vida del país. Los nuevos escenarios en la empresa estatal socialista urgen de un empoderamiento y participación activa de los trabajadores y sus sindicatos. 


El producto interno bruto de Cuba se estima para 2015 con un crecimiento de poco más de un cuatro por ciento. De lograrse se revertirán las anémicas tasas que han dominado los últimos años y la tendencia a la desaceleración, en una sociedad que ha resistido heroicamente tantos escollos externos e internos para hacer avanzar su economía.


Aunque permita respirar oxigeno limpio ante tantas asfixias, tampoco ese incremento hará milagros por ahora en el ropero, la mesa y el bolsillo del cubano promedio. Llega el nuevo año en medio de transformaciones estructurales esenciales que garantizarán un salto cualitativo, pero demorarán en fructificar en concreto y aportar progresos para la familia cubana.


Los escenarios que se configuran deben prepararnos tanto para una Cuba con bloqueo norteamericano como sin él, porque esta última opción se torna más cercana que en otros momentos, pese al enorme andamiaje de prejuicios y limitaciones de tipo legal que será preciso derribar.


El gran desafío del socialismo cubano sigue siendo, para plasmar sus propósitos de justicia social y convertirse en «próspero y sostenible» priorizando a los más sobre los menos, alcanzar la eficiencia y la eficacia económicas de las cuales ha carecido el país durante años. El 2015 será un año mejor, esa es la esperanza.