Revista Digital Semanal

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Temporada de impuestos

Si bien el pago de contribuciones fiscales no resulta una total novedad en la Isla, todavía no existe una cultura tributaria entre la población

Flavia Demi Cubadebate En Economía Feb. 23, 2017

Cada principio de año en Cuba se realiza la Campaña de Declaración Jurada, durante la cual los contribuyentes deben pagar diferentes modalidades de tributos, por ejemplo, el impuesto sobre los ingresos personales y sobre el transporte terrestre. 

Según datos publicados por la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT), el impuesto sobre los ingresos personales deberán liquidarlo en esta ocasión unos 200 mil cubanos, de los que más de 170 mil son trabajadores por cuenta propia.

Si bien el pago de contribuciones fiscales no resulta una total novedad en la Isla, todavía no existe una cultura tributaria entre la población. De ahí resulta que ocurran frecuentes errores a la hora de realizar la declaración jurada, además de evasión fiscal. 

En este sentido influye una política social que durante años se ha basado en prestaciones gratuitas. Es decir, cuando las autoridades argumentan que estas contribuciones sirven para financiar la salud pública, la cultura, el deporte y la seguridad social, para muchas personas resulte difícil de asimilar. 

Actualmente pagan impuestos, además de los trabajadores del sector privado, los empleados de empresas extranjeras y mixtas, y los trabajadores del sector empresarial estatal que cobran salarios más elevados. 

La Ley 113 del Sistema Tributario establece otras figuras impositivas, aunque por lo pronto solo se aplican unas pocas, hasta tanto “estén creadas las condiciones económicas y sociales”, según recoge la propia legislación. 

Algunos factores del entorno macroeconómico también conspiran contra la efectividad de la recaudación fiscal. Por ejemplo, en Cuba la inmensa mayoría de las transacciones de cobros y pagos se realizan en efectivo, lo cual hace muy difícil seguir la traza del dinero. 

Asimismo, falta una cultura participativa que permita decidir de manera colectiva y consensuada qué proyectos se van a ejecutar con los impuestos recaudados; que los propios contribuyentes puedan decidir las prioridades de inversión y desarrollo. 

Entretanto, y ya que no queda más remedio, parece imponerse la sabiduría de un viejo refrán criollo: “Toma chocolate, paga lo que debes”.