Revista Digital Semanal

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Convocados por la fuerza de las ideas

Con una vida cotidiana llena de penurias, un pueblo acudió masivamente a encontrarse con su líder histórico, a pesar de la lluvia y de las constantes operaciones de desestabilización política, económica y social.

Arturo Chang, Colaborador Archivo En Política June 10, 2016

Hay quienes aseguran que el momento del inicio de las actuales relaciones entre Cuba y Estados Unidos marca un antes y un después, pero la misma decisión de restablecer esos vínculos obedecen a lo que realmente deslinda las etapas: un cambio en la filosofía de cómo tratar a la mayor de las Antillas para conseguir los propósitos de todas las administraciones estadounidenses desde 1959 hasta la fecha.

 

Los objetivos y medios para conseguir esos objetivos se reflejan en la página 885 del informe del Departamento de Estado de Estados Unidos de 1958 a 1960 (Volumen VI), donde aparece un memorándum secreto fechado el 6 de abril de 1960 de Lester D. Mallory, Subsecretario Asistente para Asuntos Interamericanos, en el gobierno del general Dwihgt (Ike) Eisenhower, dirigido a Roy R. Rubottom Jr., entonces subsecretario de Estado Para los Asuntos Interamericanos que dice:

 

"La mayoría de los cubanos apoya a Castro (... ) el único modo previsible de restarle apoyo interno es a través del desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales (... ) hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba (... ) una línea de acción que, aun siendo la más mañosa y discreta posible, logre los mayores avances en privar a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno".

 

En 2015, al cumplirse 55 años de ese documento desclasificado en 1991, prevalecieron las fuerzas que valoraron como fracasada esa política, a pesar de que el bloqueo económico, comercial y financiero logró obstaculizar el desarrollo de Cuba, aunque no al punto de impedir que avanzara por delante de otros países en varias esferas sensibles para la vida de las personas.

 

Esa guerra económica fue cruel también en lo mediático, pues no hay dudas de que han logrado imponerle que se nombre “embargo”, una palabra derivada de las intenciones de alegar que se trataba de una medida punitiva por  la nacionalización de propiedades de ciudadanos estadounidenses, lo cual es falso porque las autoridades cubanas siempre han estado dispuestas a discutir y acordar fórmulas de compensación adecuada.

 

Una de las señales del fracaso del bloqueo pudo haberlo dado la masividad con que el 30 de septiembre de 1996 acudió el pueblo de Santa Clara a encontrarse con su líder histórico, Fidel Castro, quien comenzó su discurso con estas palabras: “Son ustedes demasiado generosos conmigo por el calor y el cariño con que me han recibido y por ser capaces de llenar esta gran plaza, aun bajo la lluvia.”

 

Aquella concentración ocurrió en la Plaza Che Guevara de la capital villaclareña, en el centro de Cuba, precisamente cuando la Revolución vivía momentos muy difíciles, como consecuencia de que a principios de los 90 del siglo pasado, tras el derrumbe del campo socialista de Europa del Este y la desintegración de la Unión Soviética, con lo cual Cuba quedó privada abruptamente de un mercado internacional.

 

Poderosas fuerzas reinantes en Estados Unidos guiados por los conceptos de Lester D. Mallory debieron haber considerado que había suficientes penurias como para provocar que el pueblo retirara su apoyo al gobierno, al Partido y a sus líderes históricos, por lo cual eran los días en que la Ley Helms Burton (1996) se sumaba a la Torricelli (1992) para recrudecer el bloqueo a la mayor de las Antillas.

 

El 28 de Septiembre, efeméride por la fundación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), se  conmemora tradicionalmente con actos masivos, pero la plaza se colmó con una multitud aunque no resulta usual convocar uno para un 30 de septiembre, y mucho menos con escasas horas de antelación.

 

Que se hubiera llenado esa plaza en medio de los sufrimientos por las carencias de lo más elemental, con una economía maltrecha y una caída libre sin siquiera sospechar dónde quedaba el fondo, demostraba en ese momento el apoyo del pueblo conseguido gracias a las fuerzas de las ideas.

 

Una observación de un amigo español, descendiente de argentinos, Julio Alonso, también es clave para interpretar el hecho: Supongamos que esas miles de personas fueron obligados y amenazados, pero nadie puede obligar a que además de ir, vayan con el rostro sonriente, bajo la lluvia, a encontrarse con Fidel en horas cercanas a la noche.