Revista Digital Semanal

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Cuba excluída de la lista de los estados patrocinadores del terrorismo

La Isla fue agregada a la lista en 1982 como pago a la Fundación Nacional Cubano-Americana por su apoyo a la cruzada antisandinista del presidente Reagan.

Valentín Rodríguez, Corresponsal En Política April 18, 2015

La salida de Cuba de la lista de Países Patrocinadores del Terrorismo del Departamento de Estado tiene una importancia histórica en sus relaciones con Estados Unidos. En primer lugar reduce las bases sobre las cuales la rama ejecutiva justificó toda la política de sanciones contra Cuba desde 1962.

El bloqueo  a los cubanos fue proclamado con una lógica de seguridad nacional asociada a la guerra fría fue agregada a la lista en 1982 como pago a la Fundación Nacional Cubano-Americana por su apoyo a la cruzada antisandinista del presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan.

Si Cuba no es una amenaza terrorista, es difícil decir que es una amenaza para EE.UU dada la asimetría de poder entre los dos Estados. Al desaparecer la URSS, Cuba renunció a tener armamento nuclear al suscribir y ratificar el tratado de Tlatelolco y el de no proliferación nuclear.

Tal diagnóstico conlleva como prescripción una política estadounidense de más intercambio y contactos y una mayor posibilidad para EE.UU de coordinar posiciones con sus aliados.

Abre la puerta para que en septiembre, coincidiendo con el calendario de renovación de la autoridad presidencial para sancionar bajo la ley de Comercio con el Enemigo de 1917, Obama retire a Cuba de esa categoría -es el único país que queda-.

Tal decisión podría abrir las Cortes estadounidenses a reclamaciones legales contra algunas de las sanciones contra el país caribeño, en particular aquellas que limitan los derechos civiles, como los de viaje. Esas restricciones han sido fundamentadas desde una lógica de seguridad.

Cierra la vulnerabilidad del Estado cubano a juicios de reclamaciones individuales contra actos ocurridos bajo su propia jurisdicción. En los últimos años, en particular en Florida, las Cortes estadounidenses aplicaron festinadamente la ley de inmunidad soberana extranjera (FSIA) desde la perspectiva de que Cuba, como Estado terrorista, tenía limitada su inmunidad soberana.

Las Cortes tomaron casos de estricta jurisdicción cubana, confiscaron activos y adjudicaron compensaciones millonarias a los reclamantes desechando la doctrina del acto del Estado reconocida en el caso Sabatino vs. Banco Nacional de Cuba (1964) por la Corte Suprema.

Cuba no ha concurrido a esos juicios al no reconocer ninguna validez a la calificación de terrorista y la reducción de sus inmunidades soberanas y la salida de la lista ayuda a la solución de las reclamaciones entre Cuba y EE UU en un proceso de normalización porque detiene el saqueo de los fondos cubanos iniciado bajo la Administración Bush que ha convertido a un problema difícil en inmanejable.

Por supuesto ya abre el camino a la apertura de embajadas y el restablecimiento de los vínculos diplomáticos oficiales al remover el principal escollo argumentado por el gobierno cubano para ese propósito.

Además, posibilita la apertura de cuentas bancarias para su misión en Washington y del mismo modo, la salida de Cuba de la lista facilita la concesión de nuevas licencias para operaciones comerciales y financieras que afloja la presión sobre las instituciones bancarias con la que Cuba se relaciona.

Permite sacar el clavo en el ataúd del  bloqueo al facilitar los acercamientos de otros países con Cuba pues elimina el riesgo que conlleva el estar relacionado con un Estado clasificado como terrorista y permite abrir varias puertas entre ellas el otorgamiento de créditos por organismos internacionales y la autorización de un comercio autorizado de empresas norteamericanas con la Isla.

Se hizo justicia, Cuba nunca debió estar en ninguna lista, Cuba es un país de paz y solidaridad.