Revista Digital Semanal

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Cubanos y estadounidenses en un puente de simpatías

El acercamiento entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos se acentúa con los cambios entre las políticas de entendimiento entre ambas naciones

María Lucía González Rolando Pujol /COH En Política Jan. 20, 2017

Lo que antes parecía una quimera hoy es parte de la realidad cotidiana en Cuba. Se ha ido abriendo el camino hacia el acercamiento de los pueblos cubano y norteamericano. Una relación que el tiempo, la distancia y las coyunturas nunca opacó, pero sin dudas es más evidente desde que se inició el proceso de normalización de los vínculos entre ambas naciones.

Porque no es fortuito encontrar una bandera norteamericana en un bicitaxi, una moto, un auto de renta de los llamados “almendrones”, en algunos sitios de la isla, de esos que dan la bienvenida a visitantes de todo el mundo y a los de Estados Unidos que con más frecuencia transitan calles y carreteras para conocer, recordar, tener nuevas vivencias o simplemente apostar por lo que hasta ahora les era “privado” o “desconocido”.

En Cuba les llaman los vecinos del norte, frase tan familiar que denota una comunión histórica, marcada por la cercanía, conveniencias mutuas de mercado, complementación en diferentes áreas, afinidades de tipo cultural, religiosas, en materia de desarrollo y hasta políticas en asuntos específicos.

Hasta ahora los permisos de viaje se restringen a algunas categorías relacionadas con el intercambio cultural, académico, religioso… Y tras esos tipos de visa hay una expectativa de descubrir las interioridades de un modo de vida difícil de explicar, pero que convence.

El intercambio pueblo a pueblo ha favorecido este proceso. El cubano es generoso, simpático, hospitalario y defiende con orgullo su terruño, aun cuando enfrenta escaseces y  limitaciones. Habla y explica “sin pelos en la lengua”, según reza el argot popular. Dondequiera hay un guía de turismo por cuenta propia que habla un “espainglés” a la perfección y con mímica y gestos conduce a aventurarse Cuba adentro.

Así, de forma paulatina  aumenta la presencia de visitantes norteamericanos a la isla caribeña. Aquella que antaño fuera un “traspatio seguro” para el juego, los vicios, la mafia, los deportes de adinerados y hoy es un “fenómeno” de país que avanza y retrocede, pero no cede en su empeño de desarrollar una sociedad  por el bien de todos.

Que más de un centenar de jóvenes de Estados Unidos visitara Cuba en 2016 dice del afán por desandar ciudades, paisajes, naturaleza, centros académicos, recreativos y todo lo que muestre el país. Seguir el compás de un ciudadano común que no tiene mucho a qué temer, aunque tenga tantas necesidades, es parte de los paquetes turísticos.

Congresistas, artistas, empresarios y agricultores, entre otros sectores del país norteño también apuestan por un mayor acercamiento económico y comercial, que por ende repercutirá en acortar las distancias entre ambas poblaciones.

Cuántas dicotomías, diferencias de modos y estilos de vida marcan a unos y otros pueblos; sin embargo, la simpatía y otras compatibilidades los acercan cada vez más. Aunque políticas y leyes quieran negarlo, el cubano y el norteamericano tienen “pegada” o “yunta” –frases populares- y esa identidad ondea también en forma de bandera.