Revista Digital Semanal

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De la teoría de la fruta madura a la ruleta política

Algunos políticos estadounidenses tratan las relaciones bilaterales con la mayor de las Antillas como un juego de ruleta e insisten en reciclar las viejas prácticas coloniales frente a una nación soberana.

Miguel Reyes Mendoza Radio Habana Cuba En Política Aug. 19, 2016

En el Congreso de Estados Unidos los comentarios acerca de las relaciones bilaterales entre Habana y Washington se asemejan a una ruleta a la que se gira y al llegar a la casilla ganadora se comenta en bien o en mal, acerca del estado de las negociaciones bilaterales.

 

En otras palabras, este ir y venir, estas posiciones cíclicas, responden a las ambiciones de muchos políticos de EE.UU., que en lugar de posibilitar  con un voto o una buena opinión, el avance del intercambio, solo delinean políticas y auspician referendos que dejan al autobús en la misma parada.

 

Como ejemplo, mencionemos la opinión de Jeb Bush ex gobernador de la Florida y ex aspirante a la presidencia republicana conjuntamente con la congresista del mismo partido Iliana Ross-Lehtinen quienes plantearon que el “acercamiento diplomático” entre Cuba y Estados Unidos “no ha ayudado al pueblo” cubano que “pelea por sus libertades”. Y agregan que  un año después de la visita a la Isla del secretario de Estado, John Kerry,  la nueva política del Gobierno de Barack Obama hacia La Habana sólo busca ser un rédito para el legado del presidente en vez de mejorar la vida de los cubanos.

 

Lo más notable de esa ruleta es que califican al gobierno cubano, pero no mencionan las situaciones que a diario se amontonan en los pasillos de la Casa Blanca o del propio Congreso y Senado y usan a Cuba para dirimir sus internas con los demócratas.  En lugar de hacer planes o contar los días de gobernantes y gobiernos, lo que deberían hacer es afianzar con hechos reales las negociaciones bilaterales, los convenios y las acciones de cooperación mutua.

 

Parecía que ambos políticos arreglan el mundo en sus sillas congresistas y mueven la ruleta al antojo de sus gustos, sin antes analizar sus propias posiciones, Aseguran que no debe efectuarse en ningún caso el levantamiento del bloqueo hasta que “el régimen cubano cumpla una serie de mínimos”. Y aquí refieren a derechos humanos, liberación de presos políticos, elecciones justas y libres, respeto al estado de derecho, reclamación de propiedades confiscadas y el abrazo a una economía de libre mercado.

 

El análisis de este discurso permite recordar aquella política de la fruta madura de Jonh Quincy Adams en 1823, quien planteaba en su tesis: "agregar Cuba era lo que necesitaban los Estados Unidos, para que la nación americana alcanzara el mayor grado de interés... Siempre la miré como la adquisición más interesante para nuestro sistema de estado".

 

 

El 28 de abril del propio año 1823, a la sazón Secretario de Estado, escribe que: "hay leyes de gravitación política, como leyes de gravitación física, y Cuba, separada de España, tiene que gravitar hacia la Unión, y la Unión, en virtud de la propia ley, no iba a dejar de admitirla en su propio seno. No hay territorio extranjero que pueda compararse para los Estados Unidos como la Isla de Cuba. Esas islas de Cuba y Puerto Rico, por su posición local, son apéndices del Continente Americano, y una de ellas, Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión".

 

A más de siglo y medio de esa política, congresistas republicanos se debaten sobre la necesidad de seguir actuando sobre la Isla,  y mientras eso ocurre, los cubanos siguen orgullosos de su quehacer y continúan fortaleciendo el camino de la unidad y la paz soberana. ¿Es que acaso hay que dejar madurar y que caiga la fruta? Esa lección está bien aprendida.