Revista Digital Semanal

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Empoderamiento loable de la mujer cubana

Contra todo prejuicio y discriminación de género, la mujer en Cuba alcanza un lugar ponderable en la sociedad y asume con presteza responsabilidades en distintas instancias de poder.

Oria Estévez En Política Oct. 3, 2015

Imposible hablar de poder y gobierno en Cuba sin tener en cuenta el papel histórico de la mujer en la ocupación de cargos decisorios a diferentes instancias.

Su rol cada vez más protagónico se debe, en gran medida, a la garantía de posibilidades con que cuenta para abrirse paso en todas las esferas de la vida en contra de los  convencionalismos y esquemas discriminatorios.

Este no ha sido un camino fácil por la fuerza que siempre ha tenido el carácter machista heredado desde la época más antigua y que, a pesar del avance, perdura en nuestros días con manifestaciones equívocas y contraproducentes acerca del lugar de la mujer en la sociedad.

Haber llegado a un 46 % de féminas en altos cargos de dirección y un 48,36 de ellas como integrantes del Parlamento no es una quimera, sino el resultado de un trabajo sistemático y mancomunado a nivel social para promoverlas a cargos de dirección en las diferentes instancias de organizaciones, instituciones y sistema de gobierno.

En ese largo y escabroso trayecto ha sido esencial la labor de la Federación de Mujeres Cubanas, cuya premisa fundamental desde su fundación  ha sido avanzar hacia la plena desigualdad de género, esquivando tropiezos y vicisitudes de toda índole.

Por tradición, sobre la mujer pesa el cuidado de la familia y la atención del hogar, factores que en muchos casos le impiden abrirse paso en la vida profesional. Una cultura de género, diseñada para compartir dichos menesteres entre hombres y mujeres, ha ido cambiando ese panorama, más visible en las dos últimas décadas del período revolucionario.

Con ese fin se crearon los círculos infantiles para el cuidado de los niños desde temprana edad, cursos de superación y orientación a la mujer y la familia y la atención diferenciada a madres solteras y casos sociales, entre otras acciones  que han influido en que hoy el 65,2 % de graduados en la educación superior sean del género femenino o que en sectores como la Salud Pública, la Educación y la ciencia ellas tengan una alta presencia como fuerza de trabajo y, sobre todo, en el desempeño de cargos.

A pesar de las manifestaciones machistas de subordinados que rechazan recibir órdenes de una mujer, éstas se imponen con respeto, preparación y sobre todo la ternura que las caracteriza..

Ese empoderamiento  femenino en Cuba es uno de los proyectos sociales más genuinos y auténticos, porque con justeza a la mujer cubana no solo se le da la palabra, también la acción y el mando, dondequiera que ha surgido espontáneamente una líder de pueblo, aunque a veces por cumplir cifras se hayan hecho promociones fuera de lugar..