Revista Digital Semanal

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La contrarrevolución en Santa Clara: ¿Quién es el líder?

Una visión de los santaclareños sobre la imagen de los opositores al gobierno cubano.

Arturo Chang, Colaborador En Política Dec. 12, 2014

SANTA CLARA. - Pido disculpas al editor de este espacio digital porque en vez de cumplimentar su invitación de escribir sobre alguien que ostenta el Premio Sajarov 2010 otorgado por el Parlamento Europeo, lo haré sobre cómo reaccionan hacia él, los habitantes de la ciudad donde nació y vive: Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara, en el centro de Cuba.

Me abstengo dar datos de esa persona porque si en Google ponemos su nombre y alias: Guillermo “El Coco” Fariñas Hernández, llenaremos gigas y más gigas de texto (cuya veracidad o falsedad no cuestionaré) sobre este hombre que a pesar de ser tan mediático no ha logrado movilizar más que sus actuales escasos seguidores.

Aseguro que a pesar del muy exageradamente bajo nivel de acceso a Internet de los cubanos, es asombroso cómo están enterados de lo que se comenta en la red de redes, y hasta de lo que no se publica en la prensa local.

Aunque no doy coberturas a lo que la contrarrevolución llama “acciones de calle” ni tampoco a las respuestas que los revolucionarios denominan “actos de repudio” o “actos de reafirmación revolucionaria”, por curiosidad profesional suelo asistir. En uno de ellos, le gritaban al Premio Sajárov: ¡Mercenario!, pero una mujer pidió silencio, expresaba que lo había visto en una foto con Luis Clemente Posada Carriles, culpable del derribo de un avión civil en pleno vuelo con 73 personas a bordo y otros actos de terrorismo.

“Por ese premio le dieron 50 mil euros, así también le están pagando, y es un mercenario, pero –decía la mujer- si se relaciona con terroristas, entonces él es un terrorista”, y a partir de ese momento se escuchaba: ¡Coco, terrorista!

Explico: 50 mil euros equivalen a más de un millón de pesos cubanos no convertibles, y por ejemplo, mi salario como periodista es de poco más de 400, por lo tanto, queda claro que la cifra es superior porque recibe otros dineros además de los miles y miles de gastos por kilómetros de viaje de un país a otro.

Cuando el Partido Comunista, el Gobierno, o cualquier otra organización convocan a los actos políticos o marchas callejeras y concentraciones en plazas, acuden miles y miles de personas, sin embargo, este llamado disidente logra cifras insignificantes, y según opinión popular, van si les pagan (no tengo pruebas pero comentan que por cada acción son 25 pesos convertibles, equivalentes a unos 600 pesos no convertibles).

Los cubanos son rebeldes por naturaleza. Si notan que los obligan a algo, hacen todo lo contrario. Y si les cuestionan su valentía, entonces son capaces de acciones de gigantescas proporciones que no dejan lugar a dudas de que no son cobardes. Por tanto, nunca he creído el cuento de que asisten a los desfiles revolucionarios bajo coacción. O como me dijo un amigo español: “Puedo admitir que van amenazados, pero todos van sonrientes, y creo que nada ni nadie puede obligar a una multitud a reír como lo hacen los cubanos.”

He oído que Juan Domingo Perón solía decir que no criticaba al enemigo porque podría aprender. Valoro que el riesgo es inexistente porque si hago una lista de fallas por las cuales una persona tan publicitada como El Coco no logra tener seguidores, no me harán caso. No obstante, seré breve: El pueblo de esta isla no soporta a quienes vayan constantemente a la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana, tampoco ve con buenos ojos a quienes viajan hacia EEUU y se reúnen con el gobierno de esa nación, ni acepta como líder a quien recibe dinero ya sea como premio, donaciones, regalos o paga por hacer alguna actividad política. Y si hacen declaraciones a favor del bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba, ya basta para que lo multipliquen por cero.

Por último: me contaron que un joven invitó a contrarrestar la magra movilización del Coco cantando: “Ese Coco no tiene agua, no tiene masa, no tiene na”, pero en lugar de concluir diciendo: “ya tendrá”, propuso: “ni tiene, ni tendrá”.