Revista Digital Semanal

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La izquierda tiene lecciones pendientes

Sin proponérselo, el pueblo cubano y sus dirigentes han mantenido la Revolución como faro y guía de América, sobre todo en estos momentos en que la izquierda latinoamericana está impactada por una contraofensiva revanchista conservadora que impone un programa neoliberal.

Arturo Chang, Colaborador Archivo En Política July 29, 2016

La Revolución cubana no llegó al poder por la vía electoral, pero demuestra que un mundo mejor es posible, y que a él se puede llegar a través de diferentes caminos, en correspondencia con la situación concreta de cada país, dentro de un contexto regional y mundial, en un momento determinado.

 

Tal vez a la izquierda latinoamericana y caribeña le esté faltando ser tan buena alumna como demuestran serlo las oligarquías nacionales para frustrar las transformaciones de los gobiernos populares en beneficio de los desposeídos

 

Como mismo en Cuba no bastó con arribar al poder mediante las armas, tampoco es suficiente ganar elecciones, sino que es necesario empoderar al pueblo para consolidar el triunfo sobre elementos que controlan la base económica, y en ese empeño es vital implantar cambios estructurales esenciales de acuerdo con la realidad del país.

 

La posibilidad de ganar elecciones ofrece muchas enseñanzas, pero queda pendiente en cada nación, el aprendizaje del difícil y complicado arte de ejercer el poder dentro de un entramado gubernamental de naturaleza y forma tan burguesas como los propios comicios.

 

Sin dudas, desde hace varios años está en marcha un proceso de recuperación del control hegemónico imperialista que está aplicando trajes a la medida, aprovechando fisuras al no reformarse el sistema político, judicial, económico o social, empoderar al pueblo, y conducirlo de modo que sea protagonista de los cambios.

 

Ni Cuba escapa a esa arremetida, pues en la construcción de relaciones con Estados Unidos, el gobierno de este último no está admitiendo la conciliación de clases, pues se mantienen las contradicciones antagónicas, aunque trata por todos los medios de imponer su hegemonía política e ideológica a la mayor de las Antillas.

 

No obstante, Cuba es otra historia, pues desde el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959 emprendió un proyecto  verdaderamente emancipador que removió las estructuras del régimen anterior y destruyó cuanto pudiera favorecer el retorno de las fuerzas  conservadoras.

 

Entre las tantas enseñanzas que podemos tener en cuenta para enfrentar la embestida en marcha, está el de combatir el monopolio de los medios formadores de opinión bajo el control político y financiero de las poderosas fuerzas internas y externas que manipulan las informaciones y son capaces de hacer creer que llueve cuando es otra cosa lo que cae.

 

Ahora se habla de formas de guerra no convencional, golpes suaves, guerra de cuarta generación, que son concepciones adecuadas a este momento histórico, como también lo fueron en su tiempo los gorilas dando golpes de estado, hasta que transitaron hacia el reformismo para aquietar los movimientos progresistas.

 

Más bien aquella fue una fórmula goriloreformista en la que aplicaban uno u otro método según las circunstancias, sin dogmatismos, ni copiando mecánicamente lo que dio éxito en un país para barrer la revolución y el progreso, así como provocar una amnesia a nivel de la sociedad con vistas a lograr que las oprimidas masas populares esperaran con los brazos abiertos, el retorno de los mismos que antes les habían explotado y esquilmado.

 

No hay recetas únicas ni fórmulas mágicas, pero un gobierno progresista que llegue al poder por la vía electoral, no merece perder por no saber rectificar errores que hacen crecer el desencanto y el descontento en sectores populares que componen la base social con la cual tampoco se comunicaron correctamente, dando lugar a que apelen al voto de castigo o al abstencionismo, costumbres adquiridas a través de los  años.

 

Las revoluciones y los movimientos populares tienen flujos y reflujos, son zigzagueantes y no siguen un orden, lo cual crea una infinita variedad de caminos, pero ninguno de ellos conducirá a un mundo mejor si no se empodera a las masas populares.