Revista Digital Semanal

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Paradojas de una política entre la retórica y la realidad

Barack Obama firmó el miércoles, como lo había prometido, la Ley de Defensa de 2016 que, entre otras disposiciones, prohíbe el cierre de la prisión de Guantánamo.

Valentín Rodríguez, Corresponsal En Política Nov. 27, 2015

El Congreso de Los Estados Unidos adoptó hace dos semanas una ley en la que vuelve a prohibir al Pentágono utilizar fondos para transferir a territorio estadounidense a detenidos en la polémica cárcel montada en suelo cubano hasta el 31 de diciembre del año próximo. El virtual consenso que ha permitido aprobar esta ley se explica por el hecho que concierne al conjunto de las actividades de defensa en 2016. Guantánamo es apenas un capítulo de ese texto.

 

La Casa Blanca está preparando un nuevo plan -anunciado hace largo tiempo- para lograr la clausura de esta controvertida prisión abierta hace 13 años, luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001.

 

Si, como es previsible, ese plan vuelve a chocar con la mayoría del Congreso, la presidencia no excluye recurrir a un decreto, pero en ese caso se  plantearía el tema del margen de maniobra de que dispone el mandatario, un  punto que podría estar en el centro de una intensa batalla jurídica.

 

Barack Obama, que no ha dejado de reafirmar su promesa de las dos últimas campañas presidenciales, considera absurdo “gastar tres millones de dólares por  prisionero para mantener una cárcel que el mundo condena y que los terroristas  utilizan para reclutar adeptos”.

 

Estados Unidos no planea retirarse de la Base Naval que ocupa en Guantánamo, según declaró en una rueda de prensa el secretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter. Con respecto a la base naval en Cuba “no hay expectativas ni planes”, ha señalado el jefe del Pentágono cuando le preguntaron sobre la posibilidad de devolución de ese enclave a la isla caribeña.

 

Para alcanzar la normalización es indispensable también que se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, cesen las transmisiones radiales y televisivas hacia Cuba que son violatorias de las normas internacionales y lesivas a la soberanía, se eliminen los programas dirigidos a promover la subversión y la desestabilización internas, y se compense al pueblo cubano por los daños humanos y económicos provocados por las políticas de los Estados Unidos y el bloqueo económico sobre la isla, que dura ya medio siglo. 

 

Existe el deseo retórico de que la base naval debe ser cerrada, pero la gran paradoja es que se firma un decreto vetando el cierre. Cosas de la política imperial.