Revista Digital Semanal

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Abuelos en Moneda Nacional

A pesar el crecimiento económico del país, la población de la tercera en Cuba, sigue esperando una vida más holgada para el resto de sus años. Como vive el 20 por ciento de la sociedad.

Valentín Rodríguez, Corresponsal Ernesto Salazar En Sociedad May 6, 2016

El año pasado terminó en Cuba con las perspectivas de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, el crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) en un 4 por ciento, tres millones y medio de turistas que descubrieron la Isla o los 7 mil 841 millones de dólares previstos para inversiones de este año, aunque las cifras levitan entre buenas intenciones no consiguen aterrizar en el plato de la mayoría.

 

El modelo económico cubano se reajusta en busca de concretar los cambios en un lapso prudencial y cercano, pero el tiempo no es grato con nuestros abuelos, incapaces de nivelar su marcha con el elevado precio de todo lo que se necesita y consume en este palmo de Isla.

 

Aun cuando el gobierno no desampara a ningún abuelo en materia de seguridad social y a los más desvalidos le proporcionan comedores populares con precios muy asequibles a su menguado bolsillo y la salud pública está a su alcance, la vida se les hace difícil.

 

Mientras Cuba envejece a pasos de siete leguas, los estratos sociales se polarizan entre la opulencia y la supervivencia básica. No es un secreto: los miles de ancianos dependientes de una chequera, apenas pueden equiparar sus ingresos con las exigencias de la oferta y la demanda, los electrodomésticos por mantener y pagar, el desabastecimiento en la red de comercio y la inoperancia en la ejecución de políticas sociales que no logran mantener los estándares de calidad en servicios tan sensibles como el del Sistema de Atención a la Familia.

 

Según los pronósticos de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular, para el 2016 se prevé un incremento del salario promedio, que deberá alcanzar la cifra de 653 y 700 pesos en el caso de las empresas estatales. Si aplicamos un simple algoritmo a nuestra cotidianidad, no habrá que sorprenderse por el hecho de que, aún la satisfacción de las más elementales necesidades, siempre chocará con precios que se le adelantan al aumento por kilómetros.

 

Son pocos los hogares cubanos en los que no conviven dos o más generaciones. De acuerdo al Anuario Estadístico publicado a mediados del 2013 por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, la población fuera del rango de edad laboral —de 17 a 65 años, en el caso de los hombres, y de 17 a 55 para las mujeres— ascendía en ese momento a 4. 292. 023 personas, lo cual equivale al 38,4 por ciento del total.

 

Las pensiones que perciben los jubilados superan los 200 pesos, y varían de acuerdo a las empresas u organismos de los que proceden, pero la desventajosa conversión de pesos en la moneda nacional (CUP) a pesos convertibles (CUC), y la invariable posibilidad de que los precios se dupliquen de una semana a otra, tensa el panorama de quienes, en el atardecer de su existencia, deben plantearse un Plan B que los mantenga a flote.

 

Los ancianos, sin embargo, son los que más confían en el futuro; quizás, porque vivieron para contar aquellos días en que la Guardia Rural y el Camino Real les pudo estafar la esperanza. Las bonanzas de la apertura que hoy se vive no cobrarán cuerpo ni alma hasta que la equidad no pueda abrazarnos a todos por igual: la indulgencia y el conformismo no mejoran nada ni ganan batallas. En esta Isla, el humanismo implica mucho más.