Revista Digital Semanal

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Almendrones y Ladas: la salvación

El transporte urbano en Cuba no deja de ser una cuenta pendiente, toda vez que la mayoría de la población requiere de ese servicio en su vida cotidiana. La salvación son los llamados “almendrones” de fama mundial por ser automóviles antiguos, en su mayoría americanos de los años `50.

Oria Estévez Ernesto Salazar En Sociedad Nov. 27, 2015

Para nadie es un secreto que en Cuba una inmensa mayoría de la población se sirve del transporte urbano, ya sea para ir al trabajo, la escuela, o a cualquier cita o gestión  distante de la zona donde reside.

 

Es esta  una preocupación y ocupación constante de los gobiernos territoriales, sobre todo en las ciudades cabeceras de provincias, donde habitan mayor cantidad de personas y las distancias a recorrer son más largas. La Habana es el punto más neurálgico, donde cada día se mueve más de un millón de personas hacia distintos puntos.

 

Los llamados “Camellos” hicieron historia en los años más duros de la economía, allá por los ’90. Luego estas rastras adaptadas a la transportación masiva se fueron sustituyendo por ómnibus articulados y de otros formatos, con reprogramación de itinerarios y rutas, de modo que enlazaran los distintos municipios de la capital cubana.

 

Así los famosos “P” inundaron las calles y luego surgieron los ruteros con precios un poco más altos y mejores condiciones de viaje. Fue precisamente el transporte uno de los primeros sectores en aplicar el sistema de las cooperativas no estatal  en busca de calidad, seguridad y mejores garantías en el servicio a los viajeros.

 

Sin embargo, la demanda continúa por encima de las posibilidades y en las “horas pico”(entrada y salida de escuelas, centros de trabajo y horarios de playa y recreación) en las paradas y puntos de embarque se producen aglomeraciones y es cuando ganan el verdadero protagonismo los taxis particulares.

 

Les llaman “almendrones” y tienen fama mundial esos carros antiguos, en su mayoría americanos de los años `50 del siglo pasado, que se convierten en una especie de salvación para aquellas personas desesperadas en las paradas porque la también llamada guagua no pasó o no paró porque iba muy llena.

 

Esas moles de fuerte carrocerías se han convertido en íconos del transporte en Cuba, porque ruedan por todas las ciudades y pueblos y para muchos es un enigma que hayan sobrevivido a los años con adecuaciones de espacio, motor, consumo de combustible y otras adaptaciones propias de la inventiva del cubano.