Revista Digital Semanal

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Bodas a la cubana

La creatividad de los cubanos se imprime también en la manera de casarse, pero la boda tradicional no pasa de moda, y ahora se ajusta a los nuevos tiempos

María Lucía González Rolando Pujol En Sociedad March 20, 2017

Difícil viajar a Cuba y no presenciar un carro antiguo descapotable que conduce a dos recién casados rodeados de globos y a todo claxon. Así como el matrimonio es uno de los momentos importantes en la vida de las personas, y en cada país se realiza según las costumbres, en Cuba hay tantas maneras de casarse como la creatividad lo permita, pues no todo el mundo tiene la posibilidad de celebrar este acontecimiento como la tradición lo indica. No obstante, la mayoría busca la manera de al menos acercarse al espectáculo que engendra en sí una boda.

 

El traje, los anillos, la firma y el brindis son el plato fuerte de estas ceremonias cotidianas, que son más frecuentes los 14 de febrero o en fechas asociadas a las festividades nacionales, por aquello del ambiente que genera: son más propicias para vacacionar, y las entidades que garantizan los aseguramientos tienen una mayor cobertura, algo esencial en ese primer momento organizativo.

 

Para institucionalizar las bodas existen los Palacios de los Matrimonios, que son locales habilitados para la boda civil, con precios asequibles y condiciones agradables para realizar la firma ante el notario, en el registro que marcará para siempre la significación formal del hecho. 

Es habitual que las novias se retrasen y el novio se impaciente, como parte del show. Hasta eso está contemplado en el calendario de horarios. Después de intercambiar los anillos y producirse el beso de la unión, media la felicitación a ambos cónyuges por parte de los invitados y la sesión de fotos.

 

Porque en cada Palacio se habilitan además habitaciones para hacer fotografías típicas, que luego aparecerán registradas en un álbum de recuerdos. Hay quienes eligen otros sets más naturales y auténticos, y de ahí se lanzan a una aventura por calles coloniales, sitios al abandono o en bosques y áreas exteriores, que imprimen originalidad a las imágenes.

Esto también puede convertirse en un castigo para los novios, quienes de traje, tacones, peinados y maquillajes, deben soportar horas expuestos al sol y el calor para satisfacer las demandas de los creadores audiovisuales.

 

Y digo audiovisuales porque con el tiempo y el desarrollo, además de las tradicionales fotografías, se hacen videos, galerías online, multimedias y hasta foto-libros, todo para demorar el tercer momento de la boda, el brindis.

 

La fiesta, la pachanga, la celebración o como se llame, no puede empezar hasta que llegan los novios, y en ese espacio los invitados hacen vida social y miran una y otra vez hacia la puerta, añorando que por fin hagan su entrada, reciban agasajos de los padrinos y presentes, improvisen un discurso, crucen sus copas de champang ante un pastel grande, y por fin se ubiquen en la mesa familiar, al centro del salón, para presidir el brindis.

 

El costo de una boda cubana varía de acuerdo con el nivel de los preparativos, que oscila según las posibilidades de la pareja, como en todas las sociedades. Por eso cada quien elige si se casa en el Palacio, en la Iglesia, a la orilla del mar, y si la fiesta es en la casa, en un local alquilado, si los invitados son muchos o pocos, si habrá pastel grande o uno más modesto, y hasta hay quienes se tienen que conformar con la firma y de ahí a la luna de miel, si los ahorros permitieron reservar en un hotel.

 

Hay lugares que organizan bodas múltiples y parejas que se casan en silencio, sin hacer tanto ruido, pero en todos los casos prima el deseo de unirse en las buenas y en las malas, y hacer cotidiana esa vida común, hayas paseado o no en ese carro antiguo que tanto llama la atención de los transeúntes.