Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

Email: editor@cubaesotrahistoria.com.ar

¡Con tantos cambios que le ha dado la vida!

Sin temor a equivocaciones, pudiera afirmarse que la sociedad cubana es la que más transformaciones tecnológicas ha enfrentado en apenas medio siglo, sin transición, y de manera brusca.

Arturo Chang, Colaborador Archivo En Sociedad Aug. 17, 2016

Dicen que la tecnología que había en Cuba, hasta la noche del 31 de diciembre de 1958, era de altísima calidad porque en ella se invirtió el metal que quedó disponible para la industria no bélica, al concluir la II Guerra Mundial.

 

A ello se sumó que en esa época todavía no estaba en plena aplicación, la obsolescencia tecnológica programada para acortar la vida útil de los equipos en función de acelerar el ciclo de reemplazo en beneficio de fabricantes y comerciantes.

 

Tales factores beneficiaron a la población de la mayor de las Antillas cuando el gobierno de Estados Unidos decidió romper relaciones y desatar una guerra económica, comercial y financiera para ahogar a la naciente Revolución mediante la escasez.

 

Al ser un equipamiento más duradero, sus poseedores los utilizaron durante muchos años, y todavía hasta hoy están en uso como los famosos almendrones, autos de la década de los 50 del siglo pasado, y que merecen párrafos aparte dedicados especialmente a ellos.

 

Si bien los aparatos electrodomésticos no pudieron ser reemplazados por los del último modelo, tampoco los industriales, pero en ambos casos, se han mantenido funcionando por la ingeniosidad de emprendedores, tanto en el sector residencial como estatal para repararlos sin piezas de repuesto originales.

 

Tampoco se incrementó en esos primeros años el número de hogares con refrigeradores, televisores, radiorreceptores, batidoras ni otros medios, por lo cual a nivel de toda la sociedad cubana hubo que buscar otros caminos, y de forma brusca, reemplazarlos por las importaciones de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y los países del campo socialista de Europa del Este.

 

La entrada de recursos domésticos e industriales en la década de los 70 del siglo pasado y acrecentada en los 80, permitió que masivamente se incrementaran los hogares con recursos de la modernidad, tales como las lavadoras que humanizaron esa labor que las amas de casa realizaban manualmente a costa de prolongados esfuerzos físicos.

 

Si abruptamente colapsó la anterior tecnología que era predominantemente estadounidense, de la misma manera se cortaron los suministros al comenzar 1990 cuando comenzó la restauración del sistema capitalista en el viejo continente.

 

Hasta aquí, en apenas 30 años, la población se enfrentó a dos cambios tecnológicos cuyo exponente más visible y llamativo, aunque no sea el único, ni tampoco se ubique entre los esenciales, sea el de los publicitados almendrones, que no es un almendro gigante, sino un automóvil fabricado cuanto todavía el gobierno de Estados Unidos no había cortado los suministros.

 

Lo mismo que con esos vehículos, en la Isla se ha hecho gala de la inventiva cubana, logrando proezas en la mecánica, al usar piezas del derrumbado campo socialista para reparar equipamiento de las naciones capitalistas y viceversa.

 

En esos arreglos hay casos como el del auto Peugeot 404 reparado en un taller de la localidad de Aguada de Pasajeros, donde le colocaron una correa de un refrigerador a la pieza encargada de la alimentación eléctrica del vehículo.

 

Al cabo de unos 25 años de desaparecer, más del 85 por ciento del mercado basado fundamentalmente en los países socialistas, en Cuba están ahora en su tercer cambio tecnológico, pero con una nueva característica, y es que en medio de las dificultades, han creado condiciones para no depender de un solo proveedor.

 

 

Ningún país ha realizado tres cambios tecnológicos en medio siglo, ni tampoco en las circunstancias cubanas, por lo cual bien vale la pena investigar a fondo esta experiencia única en el mundo.