Revista Digital Semanal

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Domingo Faustino Sarmiento caminaba por La Habana

El prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento se paseaba por La Habana y distintas ciudades cubanas en el año 1847, un viajero que se relacionó mucho en aquel momento con la sociedad de la isla, un dato poco conocido después de tantos años.

Leonardo Depestre Cantony COH En Sociedad Nov. 16, 2016

Pocos conocen que en La Habana de finales de 1847 estuvo por varios días el prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento.

Sarmiento tenía 37 años y en consecuencia era bastante diferente, en cuanto al físico, de aquel de los retratos que estamos acostumbrados a ver. Lucía una barba oscura y arribaba procedente del puerto de Nueva Orleans, en una embarcación cargada de cerdos y con unos cuantos enfermos a bordo. El calendario marcaba la fecha del 1ro de noviembre de 1847.

El viajero quiso conocer la ciudad colonial, posesión española y con la presencia de una indignante cantidad de esclavos. Se relacionó con los hombres que como él, estaban preocupados por la educación del pueblo y aspiraban a un futuro más luminoso, escuchó los anhelos reformistas de unos y los francamente independentistas de otros. Afirmó algunas amistades que lo serían ya por el resto de su vida: por ejemplo, la que trenzó con el bibliógrafo Antonio Bachiller y Morales.

Andaba escaso de fondos y a la hora de partir atravesó toda la provincia habanera, de norte a sur, hasta Surgidero de Batabanó, donde embarcó —alojado a popa— en un modestísimo vapor de cabotaje que lo condujo hasta Santiago de Cuba.

Aquel buque partió el 10 de diciembre, tocó en Cienfuegos y Trinidad un día después, y el 12 en Santa Cruz del Sur y en Manzanillo. A Santiago llegó en la noche del 13 y de allí salió, probablemente el 20 de diciembre, en el vapor Clyde, vía Jamaica hacia Panamá. Ya en el Istmo, lo atravesó y embarcó rumbo a Valparaíso, Chile, donde se sabe que desembarcó en febrero de 1848.

Equipaje llevaba muy poco el modesto viajero, aunque sí numerosas experiencias recopiladas que habrían de servirle para su ulterior desempeño en la vida.

Entre Domingo Faustino Sarmiento y José Martí, que nunca se conocieron personalmente, existió una profunda admiración recíproca. En 1887 el ilustre argentino escribió: “En español, nada hay que se parezca a la salida de bramidos de Martí, y después de Víctor Hugo, nada presenta la Francia de esta resonancia de metal”.

Martí, por su parte, escribía desde las páginas de El Partido Liberal, en México, este comentario:

“Sarmiento sentó a la mesa universal a su país, y lo puso a jugar con modelos de escuelas, de máquinas norteamericanas, de ferrocarriles.”

Para Martí, fue “Sarmiento el verdadero fundador de la República Argentina”. Sarmiento tomó posesión como presidente argentino el 12 de octubre de 1868, solo dos días después del alzamiento independentista de Carlos Manuel de Céspedes en Cuba.

Su gobierno creó escuelas por todo el país, combatió el desorden y el caudillismo, modernizó la estructura de la enseñanza, organizó el primer censo de población, dragó ríos y abrió nuevos puertos, y estimuló la economía.