Revista Digital Semanal

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El Casilda cubano

Un pequeño sitio que fue escenario de la conquista española hacía América, que sirvió como refugio de mambises y estuvo involucrada en la crisis de los misiles, entre otros sucesos históricos, se erige como un destino turístico sin igual, aunque google no lo reconozca.

Arturo Chang, Colaborador En Sociedad April 29, 2016

Esta localidad no es la que está a 56 km de Rosario (Argentina), sino que se trata de una pequeña comunidad marítima cuyo nombre, los lugareños explican con una leyenda: un matrimonio atracó allí la goleta porque durante la travesía su hija enfermó gravemente.  Desembarcados, la niña sanó gracias al clima de ese litoral y, en agradecimiento, bautizaron la zona con el patronímico de la niña: Casilda.

 

Ubicado en la provincia cubana de Sancti Spíritus, Casilda es relegada por Google si no se le añade a la búsqueda Trinidad o Cuba, en tanto que la ciudad argentina aparece en posiciones destacadas.

 

Tampoco quienes visitan la zona, perciben del todo a ese pequeño caserío que suele ser ignorado porque la atracción fundamental la ejerce Trinidad, una de las siete primeras villas fundadas por el Adelantado Don Diego Velázquez en 1514, y que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988.

 

Se trata de un pedazo de suelo cargado de historias invisibles a la vista de quienes generalmente se deslumbran por la magnífica conservación de la Villa de la Santísima Trinidad, donde el visitante encuentra atractivos como la canchánchara, bebida de los mambises cubanos durante el enfrentamiento a los colonialistas españoles.

 

Pero no siempre fue así. Tal vez el olvido comenzó cuando se decidió construir un atajo para ahorrar unos 10 minutos de viaje por Casilda, a través de la Calle Real que conecta a Trinidad con la Playa Ancón, un balneario que constituye una rareza por ser la única del sur de la isla con calidad comparable a las mejores de Cuba, que están ubicadas en el norte.

 

Al transitar hacia la playa, evitando Casilda, se ve un camposanto, pero nada indica que se esté al frente del cada vez menos nombrado Camino de los Rusos. Este camino conduce a la zona donde acamparon tropas soviéticas relacionadas con el desembarco de cohetes nucleares durante la Crisis de Octubre o Crisis de los Misiles de 1962, y que fueron emplazados en Sitiecito, zona de Sagua la Grande en la provincia de Villa Clara.

 

Entre aquellos soldados estaba Andrei Kuznetzov, un moscovita a quien llamaron a prestar servicio sin dar más detalles. Desde muchos meses antes,  su padre, un militar, le aconsejaba siempre que llevara dinero cubano de la época a donde quiera que lo enviaran. Por eso, una vez en Casilda, pudo invitar a sus compañeros a varias botellitas de Bacardi, bebidas cada una en un par de tragos, ante la mirada de unos chiquillos, entre los cuales uno dijo: “Vamos a esperar para ver cómo se caen estos rusos”.

 

En 1978, pasados 16 años del momento en el que el mundo estuvo al borde del holocausto nuclear, uno de los niños (yo) y el exmilitar, devenido traductor de ruso-español, se encontraron y reconocieron por casualidad en Moscú. Quiso saber si se conmemora que el 17 de abril de 1960 atracara en Casilda el buque Andrei Vyshinski con el primer cargamento de petróleo soviético que estableció el denominado Puente de la Amistad.

 

Preguntó también si se continuaba realizando la fiesta marítima de Santa Elena del 16 al 18 agosto, de la que dijo guardar gratos recuerdos. Ese festejo comenzó al inaugurarse la Iglesia Santa Elena en 1848, con una feria donde aún hoy se comercializan productos artesanales, agropecuarios, comidas, licores y bebidas típicas, y se realizan competencias acuáticas, carreras en saco, palo encebado, regatas de botes de remo y de vela, la cucaña y otros juegos,  además de la procesión de la Santa Elena, salves y misas.

 

En 1963, los disparos desde un avión interrumpieron esa celebración. Un grupo de hombres acudió a tomar las armas, mientras otros como Raúl “Pipo” Zerquera Ortíz, se dedicaron a la peligrosa faena de alejar de los enormes depósitos de combustible, uno de los 24 vagones ferroviarios llenos de petróleo, que fuera incendiado por el tiroteo.

 

Por su dominio del inglés, actualmente Pipo, jubilado, se dedica a dar clases de idioma y es frecuente verlo conversando con turistas a quienes con gusto cuenta que desde allí zarpó hacia México, en 1518, Hernán Cortés con unos 11 navíos, expedición que contribuyó a despoblar la zona porque durante los 10 días que permaneció en la ciudad, reclutó a casi todos los hombres.

 

Además de ser aficionado al canto, Pipo es de los que tiene el don de encantar a los interlocutores con historias de piratas y corsarios, de cuyas andanzas por la zona aún quedan huellas.

 

Y si el visitante se encuentra con un combatiente de Bahía de Cochinos, también le dirá que inicialmente la zona de la invasión era la costa sur de Cuba, cerca de Trinidad, por lo que se deduce que el "gobierno provisional" auspiciado por EEUU se establecería en algún sitio aledaño al puerto casildeño, alejado de La Habana, y a pocos kilómetros de las montañas del Escambray.

 

Muchas historias y anécdotas deben estar escondidas en el Casilda cubano que fue creciendo a ambos lados de la misma calle principal existente en 1939, la Real, y que terminaba en el embarcadero cuya armazón de tablas y gruesos pilotes fue destrozado por huracanes como el Dennis de junio del 2005 con vientos de 200 kilómetros por hora.

 

Paralelo a la Calle Real, se extiende uno de los tramos de ferrocarril más antiguos de Cuba, concluido hacia 1856 y que las inclemencias del tiempo desconectaron de la vía central del país, al destruir importantes obras que incluían un puente.

 

El puerto es un destino de los cruceros turísticos que cada año surcan las aguas del Caribe, pero al mismo tiempo mermaron las actividades pesqueras y del transporte marítimo tradicional, por lo que los 36 mil habitantes de estos 68,1 kilómetros cuadrados han cambiado el escenario, estableciendo  en número creciente hostales y paladares.

 

Según reclaman los casildeños, ellos merecen más atención como producto turístico, y seguramente que los tantos visitantes de Trinidad, agradecerán también disfrutar de la estancia en una pequeña comunidad como el Casilda de Cuba.