Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

Email: editor@cubaesotrahistoria.com.ar

El embrujo seductor del Caballero de París

Mira quien viene por ahí, ¡El Caballero de París!-repetía cadenciosamente, una estrofa del danzón que entonaba Barbarito Diez, reconocido como “ Caballero del Danzón”, en honor a otro personaje, el mítico Caballero de París.

Margarita Pécora A. Mejías En Sociedad Feb. 20, 2016

Más que un hombre simple de la calle, José María Llendín- como realmente se nombraba-, era un alma romántica  y extravagante , un trotamundos  que eligió las calles  céntricas de La Habana para añadir  al  paisaje capitalino, el contraste  de la  distinción,   con el desaliño,  que en su persona  formaban una rara amalgama para muchos, atractiva.

 Luego de una vida tormentosa , pero rodeado  del respeto del pueblo cubano, El caballero nos dijo adiós  un 12 de julio de 1985, a la edad de 85 años, pero para quedarse en el imaginario popular.

Oriundo no precisamente de Francia, sino de Lugo, España,   por su extraño don y sus costumbres,  El Caballero se convirtió en  la imagen de La Habana a tal punto que el Historiador de la Ciudad, Dr. Eusebio Leal Spengler  hizo colocar sus restos exhumados en el Convento San Francisco de Asís, obra eminente de la arquitectura colonial del Casco Histórico de La Habana.

  También sobre  la vereda,  a un costado de la  vetusta edificación, hizo emplazar  un monumento de bronce en su memoria, que ahora    viaja  por el mundo en imágenes fotográficas de gente que  posa junto a él, y con las caricias  le saca destellos al bronce de su barba,   sin  sospechar tal vez, el cariño y respeto que  inspiró  este  anciano.

Recuerdo  haberlo visto  caminar por  la esquina de infanta y San Lázaro donde dicen que solía dormir,  cuando ya  su frágil  figura, de  estatura mediana,  se encorvaba por el peso de los años. Como a  la inmensa mayoría de los cubanos, la noticia de su muerte  nos conmovió.  Ya no veríamos más  al Caballero  de andar pausado y majestuoso volver sobre sus pasos una y otra vez,  batiendo el aire de  los  portales de  céntricos edificios, con su  bata  negra y aquel   legajo de papeles que portaba bajo el brazo, junto a su   una bolsa con artículos personales.

  Era un romántico, de rostro distinguido, nariz aguileña,   aunque su y barba  y melena  no vieran pasan un peine en décadas y  caían  como  planta trepadora  sobre su  pecho.

Para  quienes lo describen a la ligera, era un vagabundo, desaliñado y trastornado mental, lo cierto es que El Caballero  llegó a La Habana siendo muy joven pero   sufrió desajustes psíquicos al enfrentar adversidades de orden legal que lo llevaron a la cárcel  a finales de la década del ‘40  y es en la década del ‘50 cuando se hace notoria su presencia en la capital debido a sus recorridos por algunas calles principales de la ciudad.

 

Cuentan que poseía  tal magnetismo, que muchas personas   aún sabiendo que tenia la mente perdida, se detenían a  escucharle hablar sobre filosofía, noticias y todo tema en discusión por aquel entonces en la ciudad; que no aceptaba limosnas sino  un canje de objeto y  pagaba el efectivo con tarjetas coloreadas o lapiceros adornados con hilos de diferentes colores que aprendió a hacer probablemente en la prisión. 

 

 Acerca de este pasaje de la vida del Caballero, hay varios reportes que concuerdan en que perdió la razón y se convirtió en "El Caballero" cuando fue arrestado en1920 y remitido a la prisión del "Castillo del Príncipe" en La Habana, por un crimen que no había cometido, pero  no  se ha  encontrado documentación sobre su arresto y juicio. Se reporta que durante su estadía en la prisión aprendió el arte de hacer plumas elegantes de escribir con plumas de aves . Algunos dicen que en la prisión hacía discursos donde se presentaba como Papa, Rey o Caballero.

 

Es en 1977 cuando las autoridades de la Ciudad deciden internarlo debido al franco deterioro que sufría El Caballero de París, hospitalizado en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, recibió mimos y cuidados de doctores y enfermeras que comprendían el significado del ilustre huésped que finalmente murió en la institución a la edad de 85 años en 1985.

 Muchas  leyendas y  elucubraciones  se han tejido en torno  al pasado  del Caballero: Algunos dicen que era un hombre muy culto, que cursó estudios que incluían latín y francés, lo que sugiere cierta posición económica.

 Personas que lo habrían conocido en España, lo daban por el elegante y bien parecido heredero de una gran fortuna, cuya mente se habría extraviado por la temprana pérdida de su amada, arrebatada por la tisis. Otras, donde decía tisis, pusieron decepción amorosa. Para otras fue un conde que tras repartir tierras y fortuna entre sus aparceros, salió a pagar una promesa que le hiciera a la Virgen si le salvaba a la madre. Alguien lo dio como hijo secreto del rey Alfonso XIII  y una corista del Principal, que a punto de ordenarse sacerdote descubrió un nuevo modo de predicar y vivir cristianamente. Y no faltó el que aseguró que era simplemente un infeliz con delirios de grandeza llegado a La Habana en los años veinte.

 Cuando al saludarlo se le decía Caballero D'Artagnan, Caballero de París... respondía balbuceando y movía su cabeza con cierta galantería, como un saludo. Su cabeza erguida y su apuesta pose le hacían creer que era una figura de tiempos muy atrás, como loco egregio; pero contrastaba con su humildad y modestia en la forma de responder. Solía tocar en algunas casas y, al salir alguien a la puerta, le entregaba tarjetas escritas con frases sin sentido, pero sin pedir nada por ello.

 El 7 de Diciembre de 1977, "El Caballero" fue internado en el Hospital Psiquiátrico de La Habana en Mazorra, en las afueras de La Habana, como acto humanitario en vista de que físicamente  estaba deteriorándose. Allí fue bañado y su pelo  limpiado y arreglado en forma de una larga trenza. Le suministraron ropa limpia, incluso un traje negro como él solía vestir. Durante su estancia en Mazorra fue sometido a exámenes físicos, de laboratorio y psicológicos, y también sufrió una fractura de su cadera por motivo de una caída. El diagnóstico de su psiquiatra, el Dr. Calzadilla (que incluye en su libro) es que padecía de parafrenia, algunas veces considerado como una forma de esquizofrenia.