Revista Digital Semanal

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El Papa Francisco en el corazón de los cubanos

Una visita histórica y memorable que marca una nueva etapa de la iglesia católica. Creyentes y no creyentes le dieron afecto y hospitalidad. Plazas, calles y templos de tres ciudades cubanas colmadas de un pueblo que se identifica con su ideario.

Oria Estévez Ernesto Salazar En Sociedad Sept. 26, 2015

Un papa diferente, con ideas renovadoras y por demás latinoamericano dejó entre los cubanos esa huella imborrable de quienes saben tocar corazones y remover conciencias.

Por 68 horas sorprendió con su presencia diáfana, alentadora, modesta y a la vez revolucionadora. Digno de la hospitalidad afectiva y la admiración de un pueblo que salió a saludarle en calles, plazas y templos de la Habana, Holguín y Santiago de Cuba o siguió el recorrido atento a la tele sabiéndose bendecido por él.

Lo que más impactó fue sin dudas su sencillez, su acercamiento a la gente fuera de todo protocolo, la gracia de tocar con sus manos a los humildes, enfermos, niños, ancianos, creyentes y no creyentes.

El Pontífice trajo a Cuba mensajes de unión y de solidaridad en su misión de misericordia hacia la familia,  y la sociedad toda, llamó a servir a los más frágiles y a  fomentar sin miedo ni prejuicios la cultura del encuentro más allá de las diferencias,  alertó a la humanidad de los peligros de la tercera guerra mundial que se vive hoy.

Sus ideas de excelente comunicador fueron claras y concisas. Nada más parecido al legado de este pueblo en Revolución desde 1959, por eso prácticamente todos se sentían identificados con cada pronunciamiento y aún en la calle, centros de trabajo, en hogares o en los comercios  se habla del tema.

Se dice que es único, excepcional, innovador, Frei Betto lo calificó de contundente, Eusebio Leal lo denominó el papa del cambio, para muchos un revolucionario audaz y hasta un reportero confundido le catalogó de comunista. Lo cierto es que marca un antes y un después para la iglesia católica y mucho tiene que ver su origen humilde.

Lo que no entendían los miles de extranjeros que por esos días visitaron a Cuba fue la paradoja de que tantas personas abrazaran los postulados del papa Francisco, siendo un país donde predominan los ateos. No podía ser de otra manera, los cubanos en esencia son hospitalarios, agradecidos y sobre todo instruidos y saben escuchar la voz inteligente, la palabra humana y el verbo inspirador.

También entre los jóvenes está su memoria viva en esa misión que tienen por delante de hacer caminos cuando les dijo “no nos desencontremos nosotros mismos”, “la esperanza es fecunda y se da en el trabajo”, tengan mentes y corazones abiertos”, “no dejen de sonar”, ”promuevan la amistad social” y  “eviten la eutanasia que es hoy la cultura del descarte”.

Sin dudas fue un momento especial para la nación cubana que aprecia además su papel protagónico en el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y agradece cuando al obispo de Roma  sus rezos  por la reconciliación y el diálogo,  la mirada tierna inspiradora de sue;os  y ese gesto magnánimo que transmite a su paso: “Recen por mí”.