Revista Digital Semanal

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El transporte público en Cuba, dilemas sin resolver

Discusiones, inspecciones y regulaciones acerca del transporte privado no alcanzan a brindar soluciones definitivas a la prestación del servicio a la población

Valentín Rodríguez Rolando Pujol En Sociedad Feb. 10, 2017

El periódico Granma, publicó hace unos días un artículo sobre la difícil situación del cubano para moverse cada día. Cuba es otra historia salió a la calle para profundizar con usuarios y prestadores del servicio. Se esperaba un solución para los altos precios que se deben pagar al utilizar los almendrones, con la implementación del acuerdo 185 establecido por el Consejo de Administración Provincial de La Habana, pero no ha tenido el resultado esperado.

El amanecer cada día para el capitalino es una odisea, le resulta difícil llegar a tiempo a los lugares, debido a que los ómnibus son poco fiables en frecuencia y puntualidad, sin contar que en reiteradas ocasiones no se detienen en las paradas.

“La solución al problema no está en el tema de los precios a pagar—que son muy altos—al montarse en uno de los autos privados, la solución debe ser dada por el gobierno central, al buscar un eficiente servicio de transporte público”, nos dice Juana Rosa García, quien día a día atraviesa la ciudad desde el Oeste hasta el centro de La Habana.

“El tema no son los precios, pues ante la directiva que establece los topes, la solución buscada por los transportistas privados fue acortar el recorrido para cobrar casi el doble del pasaje. Al final, ante medidas que no son soluciones, el afectado es el bolsillo del cubano”, nos comenta visiblemente molesto Ignacio Redondo, otro usuario que día tras día debe llegar temprano a su trabajo en el Vedado.

La nota publicada en el diario señala: “desde la Dirección Provincial de Transporte se encaminan medidas para solucionar, o al menos moderar esta situación. Se requiere de agilidad en la toma de algunas decisiones que tengan en cuenta la demanda de calidad en el servicio, y que aseguren la movilidad de la población”. Una verborrea incomprensible, señalan muchos de los entrevistados.

“Hay que decir que, gracias a los almendrones, más de la mitad de la población de la capital logra desplazarse cada día”, es la afirmación unánime de lo conversado con 10 usuarios. Por otra parte, la creación de las cooperativas de transporte, no fue tampoco la solución: tuvieron un buen inicio, pero después presentaron el mismo problema de las piezas y reparaciones, al no tener una libertad total para operar y depender para ello del propio estado.

Si bien los órganos de control aplicaron en un primer momento un grupo de medidas para revertir tal escenario, a casi siete meses de la disposición gubernamental, el panorama no ha variado mucho, o al menos esa es la opinión de los pasajeros consultados, refiere Granma.

«Voy para la Ceguera y me han cortado el recorrido hasta Coppelia, la molestia es bajarse y coger otro carro después de haber estado esperando media hora»; «de la Víbora a Línea (Vedado) son diez pesos, sin embargo los boteros cortan el viaje en la calle Tulipán por el mismo precio, para después cargar más pasaje hasta el destino original»; «de Línea al paradero de Playa los choferes cobran diez casi siempre, pero a veces la tarifa aumenta el doble», dicen varios entrevistados. 

De cualquier forma, ni el control por sí solo, ni las facilidades para el acceso a recursos necesarios en la actividad del transporte, garantizarán un mejor funcionamiento del servicio, ni que la tarifa de los pasajes se mantenga a un precio estable. Se requiere que ambas acciones vayan de la mano. Y más que eso, buscar una solución centralizada al transporte público, pues cada una de estas acciones son calmantes que no resuelven el deteriorado parque privado vehicular (almendrones) y el escaso transporte público existente.