Revista Digital Semanal

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El turbinero y el arte de enfrentar a la sequía

Se trata de Diosmedes Hernández Pérez, quien se encarga de la distribución del agua en algunas zonas de la capital de Ciego de Ávila. Las novedosas medidas para el uso racional del líquido y el ingenio a la hora de garantizar el suministro al polo turístico de los cayos de Jardines del Rey.

Arturo Chang, Colaborador Arturo Chang En Sociedad May 13, 2016

A sus 73 años el turbinero avileño es una de las personas más populares de su ciudad, ya que es uno de los encargados de resolver la distribución de agua para diferentes barrios y para los grandes hoteles de la zona, en un contexto marcado por fuertes sequías y el bajo porcentaje del líquido en embalses y cuencas subterráneas en Ciego de Ávila.

 

En cuanto al suministro de agua, el tema central de las charlas callejeras eran las lluvias, quizás por ser la principal fuente natural de abasto, pero después con la sequía, la atención se volvió hacia los embalses, y quizás fue cuando se percataron mejor de los beneficios del sistema de presas construida por la llamada Voluntad Hidráulica, acción previsora de la Revolución cubana desde tiempos normales de aguaceros.

 

Ahora que esas represas están casi vacías, la atención popular se desplaza hacia el asunto de los salideros, tanto de conductoras principales como redes secundarias que llevan el agua hasta los hogares, pues preocupan los volúmenes de líquido perdido, mientras la almacenada disminuye dramáticamente.

 

Aunque la provincia de Ciego de Ávila no se puede abastecer de presas porque no tiene ríos, su población también está reclamando reparar las tuberías, muchas de las cuales pertenecen a acueductos con cerca de 70 años de explotación y diseñados para una cantidad de habitantes cuatro o cinco veces menor que la actual.

 

Los avileños tienen la particularidad de nutrirse de cuencas subterráneas que en el primer mes de la temporada lluviosa (mayo-octubre) solo contenían el 37 por ciento de su capacidad potencial, a pesar de lo cual garantizan el abasto para el polo turístico de los cayos de Jardines del Rey, fuente de ingreso de divisas que pudieran destinarse también a enfrentar la sequía.

 

Independientemente de que en la prensa local aseguran que mantendrán el suministro a los hoteles actuales y futuros de Cayo Coco y demás zonas similares, se ejecuta la primera planta desalinizadora y está en marcha un proceso de atención esmerada para optimizar el uso del líquido, además de castigos más severos a las administraciones del turismo que incumplan las normas de consumo.

 

En los primeros meses de este año, 6 de los 18 hoteles sancionados por sobregiro en uno de los principales polos de esa industria, se ajustaron a los gastos previstos internacionalmente para esas instalaciones, en este caso ubicadas al norte del municipio de Morón, donde suministran un equivalente a 700 litros diarios por habitante como  promedio, considerado como el mayor per cápita nacional.

 

La Cuenca Norte Morón declarada en alarma, también abastece al municipio de Ciro Redondo y al norte de la capital provincial de Ciego de Ávila, donde el otrora técnico medio en Sanidad Vegetal, Hernández Pérez, o Turbinero, es el más popular entre los vecinos de 9 edificios multifamiliares con 192 apartamentos, cuyos inquilinos lo recuerdan, sobre todo, al faltar el agua.

 

A las 10 de la noche del segundo domingo de mayo, Día de las Madres, bajaba de su hogar en el cuarto nivel del Edificio 2 del Reparto Ortiz para cerrar la llave de abasto de la cisterna porque ya estaba llena.

 

“Así repleta puedo bombear agua por la mañana, tarde y noche, pero si la regulan a cada cuatro días, entonces planifico para que dure aunque encienda la turbina diariamente, claro que menos tiempo”, explicó Hernández Pérez.

 

Cira Sánchez, vecina de la zona, admite que gracias a la buena administración del agua por parte de Diosmedes, no necesitan tanta reserva dentro de las casas, como sí ocurre en provincias como Santiago de Cuba, Holguín y Villa Clara, donde abundan los recipientes que se convierten en potenciales criaderos de mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue, zika y chikungunya.

 

“Turbineros” le dicen popularmente a quienes ejercen esa labor mediante un motor o turbina, equipo que solo resulta necesario en edificios altos, donde se requiere presión para impulsar el agua.

 

Diosmedes aprecia que se eliminan salideros (más de 4 mil 500 según cifras oficiales, lo que significa el 150 por ciento de lo previsto en lo que va de año), y realizan obras para dividir la ciudad en sectores, de modo que el suministro sea equitativo, pero –advierte el turbinero- eso hace que aumente la presión del líquido y llegue a toda la zona, pero es malo porque rompe las tuberías viejas y en mal estado.

 

Por su experiencia al recorrer zonas agrícolas como técnico en Sanidad Vegetal, valora el impacto negativo de la prolongada e intensa ausencia de lluvias que ha obligado desde principios del año pasado a limitar el agua solo para humanos y la ganadería para evitar niveles de sobrexplotación en dos de los 10 municipios avileños cuyas cuencas peligran por la intrusión salina, al estar abiertas al mar.

 

Además de operar la turbina, Diosmedes cultiva en los alrededores de la cisternas, varias plantas de Moringa Oleifera, de la cual toma sus flores y hojas para hacer infusiones, y utiliza como ensalada las vainas tiernas.

 

Comentarios callejeros en la capital de Ciego de Ávila se refieren al descuido y desatención para conservar los llamados pozos de infiltración de aguas pluviales que enriquecen el manto freático. Algunos consideran tardía pero bienvenida la decisión de restablecerlos y además, reconstruir un pequeño embalse, Ceballos, que contribuye a recargar las aguas subterráneas de Ruspoli, importante fuente del norte de la ciudad y también para la ejecución de un canal que alimentará el sur con escurrimiento y líquido de la presa Zaza, en Sancti Spíritus, la de mayor capacidad del país, con mil 20 millones de metros cúbicos.

 

En el Reparto Ortiz, donde vive el turbinero, los vecinos anhelan que vuelvan a ocurrir tormentas locales como la del viernes 15 de abril último, que dejó un saldo de 44,2 milímetros, aunque las lluvias intensas son las que rebasan los 100 milímetros, que no ocurren desde hace dos años.