Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

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Habrán nacido en Cuba, pero…

Como podría suceder en cualquier país, también en la mayor de las Antillas hay quienes no son representativos de sus habitantes, sino todo lo contrario.

Arturo Chang, Colaborador Ernesto Salazar En Sociedad June 17, 2016

La existencia de habitantes sin las características de la comunidad donde viven, podría ser un fenómeno universal, pero tal vez Cuba sea singular en ese sentido porque esas personas suelen ser las primeras que dan a los extranjeros, la imagen del país visitado.

 

Mientras que las instituciones del turismo de la mayor de las Antillas ofrecen una amplia y variada agenda de actividades sociales, culturales y de todo tipo de índole, otros se proponen en dejar mal parados a los que habitamos en esta Isla del Caribe.

 

Sin pretender fórmulas definitiva para evitar la distorsión de la realidad cubana, Cuba es otra historia resume algunos comentarios de visitantes que aportan sus experiencias con el propósito de alertar a sus colegas.

 

Adela Martínez no se considera una peruana que viaja como turista a Cuba, pues parte de sus raíces están en la isla caribeña. Sin embargo comparó un viaje realizado antes de 1990 con otro en 2008 y, contrariada, se preguntó dónde estaba el hombre nuevo que ella había visto en proceso de formación unos 20 años atrás.

 

Fue difícil explicarle el contexto de la década de los 90 del siglo pasado, cuando un día el país amaneció con la desaparición del mercado del campo socialista de Europa del este, y otro, con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas desintegrada.

 

A esas dificultades se sumó el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero como intento de golpe final para derribar al más persistente de los adversarios del Capitalismo estadounidense que por esos años llevaba cuatro décadas en pie.

 

Las condiciones de vida fueron tan difíciles que en muchos despertó ese, quizás,  núcleo biológico primitivo que los humanos tienen dentro y que toma como guía la filosofía del “sálvese quien pueda y como pueda”, mellando valores como los del sacrificio, la incondicionalidad y el desprendimiento sin límites.

 

Adela lo entendió al mismo tiempo que empezó a sentir dolor por el retroceso que abrió cauces al egoísmo, la pérdida de ternura ante las penurias y la insensibilidad por el dolor y las necesidades del prójimo.

 

José Portillo, radicado en Canadá, lamentaba que hubiera quienes no supieran valorar lo que la Revolución ha logrado conservar y recuperar en el último decenio, y en varias conversaciones con los nacionales ha tenido que abrirles los ojos a esas personas.

 

Confiesa experimentar sentimientos extraños por llegar desde tan lejos a explicar realidades a esos lugareños que ahora no ven porque han perdido los ojos para ver y los oídos para oír y andan por terminales de ómnibus y ferrocarril, puertos y aeropuertos tras los extranjeros para ganar dinero fácil.

 

En uno y otro caso, en diferentes momentos, ambos, como otros, desde que descendieron de los aviones, no sintieron el calor solidario de los habitantes de la Isla, ni mucho menos (y hay quienes lo dicen abiertamente), les llegó el espíritu revolucionario que caracteriza a nuetros hombres, mujeres y niños.

 

Siempre hay y habrá excepciones para confirmar la existencia de las reglas. Y entre estas últimas existe una especie de plaga molesta que merodea los puntos de llegada y embarque de los extranjeros para importunarlos.

 

Nadie niega el legítimo derecho a proponer un negocio, a ofrecer un servicio o producto como el de alojamiento, transporte, comidas y hasta lugares de diversión, pero harina de otro costal es molestar, fastidiar, asediar hasta el punto de exasperar a las víctimas que para colmo, no logran con gestos ni palabras hacer entender que todavía están pensando antes de tomar una decisión, o que van a recopilar información para hacer los planes. Y tampoco en todas las ocasiones logran deshacerse de esos personajillos, ni aunque le digan no estar interesados en sus ofertas.

 

Tales personas confirman que el hombre piensa según vive, por lo cual casi sin excepción, ninguno de ellos es como los demás habitantes de Cuba, y para colmo, es posible que sean los más beneficiados precisamente por su desventaja social debido a su baja escolaridad y sus hábitos desajustados.

 

No es propósito enjuiciarlos desde el punto de vista político e ideológico, por lo cual baste agregar que la mayoría adora el Capitalismo y sobre todo el American Way of Life.

 

Este colaborador de “Cuba es otra historia” ha entrado frecuentemente en ese mundillo porque lo han creído un turista asiático que no entiende el idioma local. Gracias a esa característica he escuchado directamente sus opiniones sobre la actual situación internacional y el acontecer de la localidad, temas que si los lectores muestran interés, contaré en otra ocasión.

 

 

Cumplo con turistas amigos que al mismo tiempo que demandan a las autoridades evitarles las molestias de esa plaga, piden alertar a los visitantes en el sentido de que los cubanos demuestran su amistad y solidaridad de una manera especial, que no es la de quienes asedian o acosan tal vez amparados, aunque no siempre, por la legalización del trabajo privado, popularmente llamado “por cuenta propia”, autorizado como una manera digna de ganarse la vida.