Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

Email: editor@cubaesotrahistoria.com.ar

La homofobia desde otra mirada

No siempre lo que se rechaza en Cuba es la homosexualidad, sino los malos comportamientos. Una perspectiva distinta que aporta al debate en los nuevos tiempos que corren.

Arturo Chang, Colaborador Ernesto Salazar En Sociedad May 20, 2016

Ni en lo más mínimo, este material pretende determinar el grado de homofobia que ha existido en cada momento de la sociedad cubana, ni tampoco si se avanzó o no en el respeto a las preferencias sexuales de cada cual.

 

Hecha la aclaración, este es el tema central: Frecuentemente son los propios homosexuales quienes confunden consciente o inconscientemente la homofobia con un rechazo a manifestaciones de indisciplinas sociales o actitudes desafiantes y provocadoras.

 

Confieso que fue el tema religioso el que llevó a esta idea, pues como autor de la columna dedicadas a críticas en el semanario Vanguardia, de la central provincia cubana de Villa Clara, recibí una queja de vecinos del montañoso municipio de Manicaragua contra un grupo de creyentes.

 

En la misiva aclararon que no les molestaba que tuvieran creencias, ni que las practicaran según sus normas, sino que lo irritante era que una vez congregados, perturbaran a los vecinos con el bullicio y música estridente a cualquier hora del día o la noche.

 

Esos elementos provocaron otra mirada en el tema de la homofobia. Por razones éticas, no ofrezco datos que puedan identificar en Santa Clara a algunos homosexuales que fueron blanco de críticas por parte de personas cercanas al lugar donde ocurrieron los hechos.

 

Nadie profirió ninguna ofensa hacia la homosexualidad, sino hacia un mal comportamiento que también hubiera sido repudiado si lo hubieran practicado los “machos varones masculinos”.

 

Cuando un joven dijo “Que se vayan para El Mejunje a formar sus pajarerías”, una mujer de avanzada edad aclaró: “Esos no son del Mejunje, allí los homosexuales y no homosexuales son gente decente”, a lo cual hubo un apoyo generalizado porque se trata de un sitio de inclusión donde todos encuentran su espacio.

 

Quizás después de estar reprimidos o autorreprimidos y “salir del closet” sientan un estado de euforia para mostrarse tal cual son, pero no caben dudas de que algunos se exceden y adoptan actitudes desafiantes y provocadoras, queriendo ser el centro de atención, un hecho que en Cuba no suele admitirse a nadie porque lo consideran pedante, “un pesao”, aunque sean heterosexuales.

 

No caben dudas de que se requiere estar alertas para valorar correctamente, pues los he visto lloriquear para presentarse como víctimas de la homofobia, cuando en realidad lo que han reclamado sus semejantes es que no perturben el orden y la tranquilidad.

 

Estos ya no son tiempos como los de la década de los 80 del siglo pasado, cuando en la provincia de Sancti Spíritus conocí a una persona a la cual no condecoraban con las medallas de la lucha clandestina y guerrillera, sin embargo, cuando él otorgaba un aval, el combatiente era galardonado.

 

Se presentó ante las autoridades políticas y militares y pidió una explicación, pues “yo ahora soy tan homosexual como cuando escondía a algún luchador clandestino o hacía alguna acción urbana contra la tiranía, y también era homosexual cuando me presenté en las montañas para luchar. Nadie preguntaban si era o no homosexual antes de pedirme que los ocultara en mi casa, y en la sierra del Escambray lo único que me preguntaron era si llevaba un arma, y les dije que sí, dos fusiles.”

 

 

Por supuesto que lo condecoraron!