Revista Digital Semanal

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La pesadilla de la fila

Para casi todo en Cuba hay que hacer fila y esperar, pero no siempre se obtiene lo deseado porque la “cola” como le llaman en la Isla, es una pesadilla cotidiana

María Lucía González Rolando Pujol En Sociedad March 9, 2017

Algo tan típico en Cuba como saborear un helado en Coppelia es tener que hacer fila para cubrir cualquier necesidad, incluso las honras fúnebres o el encargo de los arreglos florales para un velorio.

Casi todo está diseñado para dedicar largo tiempo esperando por un turno que parece interminable, pues aun cuando se crean las condiciones para ofrecer el servicio con mayor agilidad, siempre falla algo y vuelve a llover sobre mojado. 

“Hacer cola”, como se dice comúnmente, no es exclusivo de los cubanos, pues en cualquier parte del mundo es común “hacer la fila”, término más usado en otras latitudes, y aguardar un tiempo prudente para algo. 

Lo diferente aquí es la demora y las molestias que esto causa, por lo que muchas veces el consabido hábito de ubicarse una tras otra persona y aguardar el momento de ser atendido, se convierte en una reyerta, discordia y hasta en escenas desagradables, toda vez que aparecen personajes como los coleros, que intentan organizar a la gente, y los colados, que pretenden adelantar su turno violentando el orden.

Es una práctica común esperar una cola para hablar por teléfono, atender una visita inesperada en horario de atención al público, merendar, volver a merendar, almorzar y atender otros asuntos privados. Al extremo que a veces uno se ubica en una fila de tres o cuatro personas, y en 15 o 20 minutos semeja una aglomeración por una demora voluntaria de quienes deben atender a todos.

Con ánimo de organizar esas repetidas esperas, hasta se han inventado tickets con numeración seriada. De esta forma se evitan las filas paralelas o los nudos que se forman al inicio y que impiden el avance fluido. El ticket electrónico se empieza aplicar en algunos establecimientos,  pero entonces el fallo de electricidad, el mal funcionamiento de la red de conexión interna u otras averías, impiden su funcionamiento.

Existen también quienes aprovechan estos largos espacios de espera para socializar, y cuentan su vida a alguien que acaban de conocer, y les resulta simpático, agradable y confiable a primera vista. Otros hacen chistes y acaparan la atención de cuantos le rodean para matar el estrés de la espera. Hasta aparecen vendedores ambulantes que aprovechan la aglomeración de personas para sugerirles dulces, refrigerios, fosforeras, y de todo lo que puedas ser vendible en ese momento.

Lo inusual es que avance rápido la fila, sin interrupciones ni intersecciones; que después de esperar se reciba el trato correcto y se logre lo esperado. En fin, haber dado en el blanco sin tropiezos. Pero aun cuando eso sucede, queda la duda si la próxima vez será igual, porque la cola o la fila nunca dejan de ser una pesadilla para los cubanos.