Revista Digital Semanal

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Libertad Lamarque, la dama de los tangos más bellos y los cubanos

Entre Argentina y Cuba han existido un gran intercambio cultural y la historia es testigo de momentos tales como la visita de Libertad Lamarque en los años 40 a la capital cubana

Leonardo Deprestre Catony En Sociedad Dec. 14, 2016

Libertad Lamarque arribó a La Habana el 5 de enero de 1946 y aunque el año recién comenzaba, numerosos periodistas y admiradores de la gran dama argentina del tango se atrevieron a asegurar que sería aquel el acontecimiento artístico de la temporada. No se equivocaron.

Llegó acompañada del esposo, Alfredo Malerba, compositor y pianista, y desde que el avión tocó pista no cesaron las muestras de afecto del pueblo capitalino, que la conocía a través de sus películas.

El recibimiento fue de tal magnitud que el auto descapotable en que hizo el recorrido  saludando a los espectadores interrumpió el tráfico de la ciudad más de una vez, dando oportunidades para que los fotógrafos tomaran instantáneas de un momento que para la artista fue inolvidable.

Libertad escribiría después, en su Autobiografía, que "durante el mes que permanecimos en La Habana pasamos de un agasajo a otro; fueron días de verdaderas fiestas que no hemos olvidado".

Debutó en el teatro América de la Calzada de Galiano, el 7 de enero. Presentó un repertorio variado con predominio de la música rioplatense, que cerró con la interpretación de la canción “Facundo”, del cubano Eliseo Grenet, recibida con prolongada ovación.

Las funciones en el teatro América eran diarias y dobles, y la última, el domingo 20 de enero, nada menos que triple, es decir, ¡que hubo tres funciones ese día! A la fiebre de tangos también contribuyeron las casas disqueras, que vendieron mucho por aquellas fechas, pues el género siempre ha tenido aceptación entre los cubanos.

Diez años después de aquella primera visita, regresó Libertad a los predios artísticos nacionales. Llegó con el inicio del mes de agosto de 1956, para hacer presentaciones por dos semanas. Sumaba más títulos a su abundantísima carrera cinematográfica, en la que descollaban cintas como Madreselva, El alma del bandoneón, En el viejo Buenos Aires, Gran Casino, Te sigo esperando, Soledad y muchas más, filmadas en Argentina y en México.

La popularidad de Libertad Lamarque no decrecía, se mantenía invariable, comenzaba ella a ser una figura mítica dentro del cancionero latinoamericano. 

Triunfar en La Habana, plaza fuerte del teatro y el espectáculo, no era nada fácil, pero la cantante lo consiguió una y otra vez con la fuerza de su personalidad carismática y la nítida emisión de su voz de acento rioplatense.

En 1956 contaba 47 años y era, según el calendario, una mujer en su madurez, aunque conservaba su esplendor artístico y físico, lo cual llamaba la atención de hombres y mujeres, sobre todo de estas últimas, curiosas por conocer la fórmula que permitía a Libertad permanecer ciertamente joven. Si algún día divulgó o no su secreto, lo desconocemos. En cualquier caso, en ella se conjugaron —además del atractivo personal— el talento de una gran voz y la gracia de una buena actriz. 

Activa hasta muy avanzada edad, la actriz –nacida en la ciudad de Rosario, en 1909- murió en México el 11 de diciembre del 2000, a los 91 años, demostrando que tuvo la dicha de hallar la fórmula de la longevidad.