Revista Digital Semanal

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Los dilemas de la telefonía móvil en Cuba

Las condiciones de vida impuestas por un poderoso adversario han llevado a los habitantes de la mayor de las Antillas a solucionar problemas de forma que suelen desconcertar a los foráneos.

Arturo Chang, Colaborador Archivo En Sociedad June 24, 2016

En el verano del 2014, Yanira Pino viajó desde la República Dominicana donde encontró cordial acogida, hasta su querida Cuba natal, y al necesitar comunicarse desde Sancti Spíritus con sus familiares en Taguasco,a unos 20 kilómetros de la capital provincial, dijo: “Este es el lugar más incomunicado del mundo. Yo no sé cómo es que ustedes siempre pueden estar hablando y sabiendo uno del otro.”

 

Con tranquilidad y confianza en que quienes le rodeaban, encontrarían algún modo de transmitir el mensaje y recibir respuesta, decía: “Allá, donde quiera que esté, con el celular, hablo con cualquiera sin importar por dónde ande”.

 

La bajísima densidad telefónica cubana ha sido el ambiente donde durante casi medio siglo fueron creándose protocolos de comunicación popular ante la carencia de aparatos para enviar y recibir  datos con la rapidez que requieren los tiempos modernos.

 

Sancti Spíritus se creó como provincia en la última división político administrativa y fue de las menos favorecidas, pero en 2014, disfrutaba de una densidad de 23 líneas móviles por cada 100 habitantes (28 si se suman las 43 mil líneas fijas), solo antecedida por La Habana, Matanzas y Mayabeque.

 

Con el central territorio espirituano como muestra de lo que ocurre nacionalmente, podemos afirmar que según disminuye la indigencia tecnológica en materia de comunicaciones, las costumbres también van cambiando para bien o para mal.

 

No solo en las tertulias callejeras, sino también los medios de prensa reflejan que hay empleados que desatienden a los clientes debido a estar ocupados en escuchar música o jugar con el móvil, o hablar tan alto que los demás se enteran de sus intimidades.

 

También hay preocupaciones por la incomunicación que esos medios provocan, como en el restaurante Coche-motor, en Ciego de Avila, donde mientras compartían en familia, dos se aislaron con una aplicación que funciona con Zapia, mediante la cual intercambiaban mensajes de voz y texto totalmente gratis.

 

A pesar de los bajos salarios promedio (unos 20 CUC mensuales y cada CUC equivale a 25 pesos no convertibles), la telefonía celular para particulares comenzó en 2008 con 331 736 líneas, cuya cuota de activación era de 120 CUC (ahora es 30) y la llamada de un minuto costaba 65 centavos (hoy, 35 y paga quien llame), mientras que de 11 PM a 7 AM cuesta 10. El SMS local se redujo de 16 a nueve centavos de CUC.

 

Aunque todavía es extremadamente caro, provincias como Holguín mantienen la tendencia a dejar la posición número 13 en densidad telefónica, pues en febrero de 2015 tenían 130 mil líneas móviles.

 

No son muchos, pero en Cuba algunas personas naturales tienen contratadas las tres líneas permitidas como máximo, y son bastantes los que consiguen ser recargados del exterior o recibir desde 2015 una transferencia de saldo.

 

Desde hace un par de años, los usuarios de telefonía móvil prepago que efectúen una recarga —sea del monto que sea— tienen su línea celular activa por 330 días, mientras antes era obligatorio hacerlo mensualmente.

 

Al cierre de 2012 existían 1 680 mil líneas móviles, en 2014 había dos millones, lo que sobrepasaba el 1 273 276 de líneas fijas, y la densidad telefónica era de 28,96 por cada cien habitantes, pero en la actualidad, con 11 millones de habitantes, la cifra supero los tres millones, de los cuales más de medio millón acceden al correo electrónico a través de móviles.

 

En este contexto de un servicio extremadamente caro y sin la eficiencia a la que se aspira, las personas han establecido códigos para reducir gastos: “No respondas, te timbraré para que sepas que he llegado”, “Si te timbro dos veces es porque la respuesta es que sí”, o “te timbro de vez en cuando a manera de saludo”.

 

Una estampa muy cubana es la de alguien que recibe una llamada en su celular y va en busca de un teléfono fijo para responder, o inmediatamente revisa su correo porque fue el aviso de que le enviaron un email.

 

Es imposible precisar la cantidad, pero hay quienes tienen saldo para hablar escasamente un par de minutos, y lo usan mayormente para jugar, escuchar música, orientarse mediante el GPS y un mapa, tenerlo como guía telefónica, despertador, calculadora, cámara fotográfica, grabadora, álbum de imágenes, o cualquiera de los tantos servicios de los cuales están dotados los móviles.

 

Lo imposible de encontrar en Cuba es que como en la India, funcionen más de 700 millones de teléfonos móviles (según cifras de 2012), haya quienes usen hasta cinco líneas, y tengan en su territorio al 60 por ciento de los que en el mundo defecan al aire libre por falta de inodoro.