Revista Digital Semanal

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Matrimonios con ADN cubano

El comportamiento de los matrimonios en Cuba, inmersos en una sociedad cada vez más cambiante se fusionan con nuevos actores sociales, dando como resultado un ajiaco de tendencias y festejos.

Alexa M Ernesto Salazar En Sociedad Oct. 3, 2015

Al igual que sucede como tendencia mundial, en Cuba en los últimos años el índice de matrimonios ha disminuido. Las causas son disímiles. Según  especialistas estas van desde la crisis económica,  dinámicas de vida con mayores libertades, falta de proyectos futuros, hasta el desinterés de las parejas por casarse porque buscan romper formalismos al demostrar su amor frente a todos.

En la Isla grande, donde las parejas asumen las más diversas maneras de amarse y compartir una vida, con libertades o formalidades, la tasa de nupcialidad mantiene un comportamiento hacia lo decreciente, mostrando en 2014 un índice de 5,7 por cada mil habitantes, con 63 954 matrimonios.

Así como se extiende la práctica de uniones consensuales en la mayoría de los países, sean desarrollados o no, aquí la prevalencia apunta a la conformación de parejas más informales, donde el papel de esposo o esposa queda para tiempos futuros. Los jóvenes dilatan el momento en que toman la determinación de unirse de manera legal, dado que en ellos el amor está centrado en elementos de la pasión que en el compromiso y la responsabilidad.
Se habla de una preferencia por la vertiente hedonista del amor, que se asume más bien para pasarla bien. Muchas veces, la unión tiene que ver más con presiones de la familia, ya sea por un embarazo o porque no quieren que vivan juntos sin formalizarse.

Así se produce una suerte de ajiaco de costumbres, clichés o formalismos, que coquetean con formas más modernas, en una sociedad que no escapa aún con grandes festejos, de las relaciones efímeras, de formalismos no duraderos, donde se rompe con el «acepto para toda la vida.

Para no pocos el acto de casarse está más relacionado con tener una luna de miel, una ceremonia, fotos, vestirse con traje, vivir ese momento…; más que en la propia formalidad, derechos y deberes civiles que se contraen.