Revista Digital Semanal

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Paradojas del desarrollo educacional cubano

Muchas paradojas existen en el proceso iniciado en Cuba en 1959, pero quizás la de mayor repercusión sea la del cumplimiento del derecho fundamental al estudio

Arturo Chang, Colaborador Carlos Rodríguez En Sociedad Nov. 18, 2016

En las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado hubo quienes decían que se estaban formando demasiados universitarios, lo cual calificaban de innecesario y algunos lo tildaban de dañino, argumentando que también hacían falta técnicos medio, obreros calificados y hasta una cantidad de iletrados.

Ciertamente, la masividad con que están abiertas las puertas de las aulas ha provocado, entre tantas consecuencias buenas y malas, que una vez dotados de una formación académica, las personas aspiren a trabajos acordes a su nivel, abandonen las zonas rurales y cada vez menos, acepten trabajos agrícolas o vivir donde nacieron.

No obstante, desde que triunfó la Revolución el primero de enero de 1959 se comenzó a erradicar el analfabetismo en apenas un año y seguidamente se aplicaron medidas para que el Estado y la sociedad en general, garantizaran el derecho de absolutamente todos a la educación gratuita.

Por ejemplo, hasta la década del 70 en los territorios de las actuales provincias de Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos había apenas 6 centros de enseñanza preuniversitaria, pero a partir de ese momento, en cualquiera de esas zonas podía haber hasta el doble o más.

Desde aproximadamente el año 1975, aumentaron significativamente los esfuerzos por convertir los centros de producción y servicios en una gran escuela, mientras se reducía el índice de analfabetismo a niveles insignificantes, y se alcanzaba la incorporación de toda la población en edad escolar al sistema educacional.

Apenas había terminado la década de los 90, cuando ocurrió la más aguda de las crisis en la Mayor de las Antillas, del 2000 al 2007 empezó otra etapa cualitativamente superior, esta vez para asegurar la plena igualdad de oportunidades para el desarrollo intelectual y físico, así como el acceso universal a la educación superior y a una cultura general e integral.

El monto de los recursos para el sector educacional ha sido tan altos, que no han faltado quienes pudieron haberlos considerado excesivos, aun cuando exista la creencia -si se mide por el sueldo de sus trabajadores-, de que se trata de una esfera sin reconocimiento social.

 

Más del 10 % del Producto Interno Bruto se asigna directamente a la educación, lo que ha propiciado, entre otros logros, a asegurar estudios de nivel universitario a más del 60 % de la población de 18 a 24 años de edad.

Como bien razonó el patriota cubano José Martí, se cosecha hombre al sembrar escuelas, pero ha sucedido que paradójicamente esos resultados educacionales a los cuales no puede renunciar una revolución con carácter socialista, dejan secuelas que ahora deben curarse además de evitar que continúen sucediendo.

Aunque resulte contradictorio, el alto nivel de escolaridad de una población sana gracias al también icónico sistema de salud cubano, convierte a la ciudadanía en un capital humano formidable cuya capacidad laboral no puede aprovecharse plenamente en el propio país donde se formaron.

Bajo los efectos del bloqueo económico, comercial y financiero, Cuba es el único país que ha logrado cumplir los objetivos para 2015, establecidos por el Foro Mundial de Educación de Dakar en el año 2000, por tanto, sean cuales sean las circunstancias, ya es tiempo límite para avanzar en el objetivo de armonizar las estrategias educacionales con las necesidades actuales y futuras que garanticen el desarrollo económico y social, sin renunciar a que el individuo estudie sin limitaciones.