Revista Digital Semanal

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Restaurar y construir está de moda

En cualquier barrio o calle de toda Cuba se levantan nuevas obras o se restauran otras. El Estado crea facilidades para multiplicar el empeño institucional o particular de cambiar la imagen de las principales ciudades deteriorada por el tiempo

Maria Lucía Gonzalez R.Rebelde En Sociedad Dec. 9, 2016

Porque la estética es parte de la vida,  en Cuba se ha emprendido una ofensiva para cambiar la imagen de fachadas e inmuebles particulares y estatales y borrar el desgaste y el deterioro acumulado en el tiempo.

Hoy por doquier hay obras constructivas, unas en restauración y otras que se levantan. El panorama y el entorno también  cambian poco a poco. De una lado, los proyectos a nivel de país o de instituciones locales y del otro, el empeño de la población de  hacer más atractivas y modernas  sus propiedades.

De cualquier forma  las transformaciones son visibles y tangibles. Basta recorrer calles y adentrarse en los barrios de cualquier ciudad cubana  y ya se nota la mano del hombre. Es una moda que se expande cada vez más. Lo que no quiere decir que sea un movimiento masivo, pues voluntad  y disposición hay pero posibilidades y recursos no siempre lo permiten.

Por más que el Estado ha creado facilidades para construir, aún es costoso y persisten dificultades para cumplir los cronogramas de ejecución, ora porque está en déficit éste o aquel material, ora porque la mano de obra escasea.

Se avanza pero no a los ritmos esperados.  Las prioridades estatales están centradas en la Zona especial de Desarrollo Mariel,  hoteles de La Habana y Varadero, y la reparación de instituciones de la salud y edificaciones sociales. La producción de materiales de la construcción es una prioridad en cada territorio cubano, incluso se halla entre las actividades permitidas para ejercer de forma privada. 

Según estadísticas de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI),  este año han ido en aumento las cooperativas de construcción integradas por especialistas afines. En su mayoría cuentan con una reputación ganada por la elevada calificación de sus miembros y la calidad de los objetos terminados.  

Son nuevos actores en el escenario económico de la isla. Ajustan precios, establecen plazos de pago, proyectan, asumen objetos y entregan l a obra contratada con garantía. Experiencia que se impone, incluso en las obras estatales.

Pero  además se autorizan créditos bancarios a personas con menos recursos financieros para que también emprendan sus trabajos constructivos.

Esa cultura del cubano de arreglar la casa para fin de año, asociado a veces a creencias religiosas o por aquello de que el que empieza bien, termina bien, deja de ser una quimera para convertirse en un sueño alcanzable, después de muchos años mirando el techo y las paredes  cada vez más deteriorados.