Revista Digital Semanal

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Sin edad para acceder a la tecnología e información

La vida en Cuba demuestra lo contrario a la creencia de que los mayores de edad no pueden aprender a comunicarse mediante las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. De Beijing a Santa Clara vía red y sin escalas.

Arturo Chang, Colaborador Archivo En Sociedad June 2, 2016

Los cubanos suelen exclamar: “Me la pusiste en China”, cuando alguien presenta o crea una situación complicada de resolver, explicar o responder.

 

Algo así estuvo a punto de decir la doctora “Fefita” Gutiérrez en la localidad de Ranchuelo, cerca de la Autopista Nacional en la provincia de Villa Clara, cuando su hija Ivon encontró otras perspectivas como bailarina en Beijing, China, después de estudiar Danza moderna, contemporánea y folclórica en la Escuela de Arte Samuel Feijóo de Santa Clara.

 

Estaba conforme con que la joven fuera a cumplir un sueño, pero cuando tuvo que enviarle varios documentos y en la oficina de DHL le indicaron que debía escribir la dirección con caracteres chinos, fue cuando se la pusieron en China.

 

Ese obstáculo pudo vencerlo con ayuda de un descendiente de asiáticos, lo mismo que logró una comunicación rápida y fluida mediante el correo electrónico Nauta desde su teléfono celular, pero como la satisfacción de una necesidad conduce a otra nueva, aspiraba a escuchar la voz y ver a la muchacha ahora ubicada en la otra faz del planeta.

 

Jubilada de una labor a la cual dedicó toda su vida, la medicina en la especialidad Clínica, ha preferido mudarse para la capital villaclareña, Santa Clara, donde ya existen cuatro zonas donde captar las señales de Wifi-Etecsa que crean un mundo virtual de encuentro que en Cuba se acercarán este año al centenar.

 

La sexagenaria madre parecía toda una experta en el manejo de un teléfono celular moderno dotado de las características para comunicarse mediante una aplicación muy popular en Cuba: el IMO mediante el cual es posible hablar y ver a la otra persona.

 

Espacios púbicos como parques y plazas en Cuba están cambiando porque para instalar la señal inalámbrica los internautas requieren dónde guarecerse del inclemente sol tropical, asientos e iluminación nocturna, lo cual está obligando a las autoridades locales a prestarle atención a esas áreas.

 

No es exagerado afirmar que también están cambiando las personas al comunicarse con familiares y amigos, y hacer nuevas amistades en el ciberespacio. Ahora en esas charlas mediante webcam también pueden interpretar el lenguaje corporal, sobre todo los gestos faciales y apreciar el ambiente en que se desenvuelven los interlocutores.

 

Y aunque tímidamente aún, los que se quedan en Cuba van comprendiendo cada vez mejor cómo se desenvuelven los que se fueron definitiva o temporalmente porque enriquecen los elementos de comparación.

 

Unos se enteran por sí mismos que “allá afuera” no todo es color de rosas, lo transmiten, y otros cuentan cómo siguen viviendo en un ambiente sin drogas ni asaltos, con acceso pleno a los servicios más modernos de salud y educación, aunque agobiados por dificultades desconocidas por quienes nunca han padecido problemas para transportarse o conseguir útiles para el hogar.

 

Los 2 CUC por hora de conexión fueron inicialmente motivo de descontento a pesar de que cuando solo existían las Salas de Navegación dotadas de computadoras, costaba 4,50 CUC, pero tal parece que la satisfacción por los beneficios de la conexión inalámbrica ha hecho olvidar que todavía es caro.

 

No obstante, “Fefita” suele preguntarle al esposo, el doctor Iván Peralta Gómez (65 años): Pero… ¿cómo fue que gasté más de 3 CUC?, a lo cual su cónyuge le explica lo mismo de siempre: Es que estuviste hablando con la niña más de una hora.

 

Y como para consuelo, le agrega: y ella está en China.