Revista Digital Semanal

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Tabaquero de la voz y el sonido

Ese oficio milenario de fabricar puros tiene como valor agregado las tantas horas que dedican los lectores que aportan pura cultura a los obreros de las tabaquerías cubanas

Maria Lucía Gonzalez Archivo En Sociedad July 29, 2016

Si la producción de “puros” en la isla es un atractivo,  mucho más resulta conocer de cerca a esa figura tan autóctona y distintiva que es el lector de tabaquería, alguien imprescindible en las tantas fábricas cubanas.

 

Se trata de un personaje que durante horas se ubica frente a los obreros en plena faena para leer materiales de interés social, político, cultural y de cualquier índole con el sentido de animar las jornadas de trabajo de los torcedores.

 

Le llaman oficio de abolengo y data desde el auge mismo de este importante rubro económico en el siglo XIX, cuando los españoles fomentaron el negocio del cultivo y la elaboración del tabaco cubano que en poco tiempo creció y se multiplicó por todo el país.

 

Para matar el tedio de  tantas personas sentadas durante horas en sus puestos, chaveta en mano -instrumento de corte- , cuentan que en 1864 surgió como iniciativa en el taller Viñas de Bejucal esta figura comunicativa y de voz agradable que con el tiempo se convirtió en una de las más hermosas tradiciones culturales de la nación.

 

Así lecturas de periódicos, revistas, libros y otros materiales se hicieron eco entre los trabajadores del gremio, a pesar de la reticencia de algunos dueños que hasta las prohibían por considerar que distraía la atención y bajaba la productividad.

 

Intelectuales de la época apoyaron esta noble práctica, en tanto los operarios libraron una fuerte batalla por demostrar que, lejos de obstaculizar su faena, tenía efectos positivos en el aumento de las producciones y de su cultura general, hasta que un congreso obrero, celebrado en 1892, la respaldó.

 

Así el oficio se extendió como una tradición que perdura hasta nuestros días y forma parte del patrimonio de la nación, en tanto resulta un atractivo de visitantes y conocedores del tema.

 

Vale escuchar esa voz que lee, y ora  dramatiza, inspira, deleita. Provoca  un silencio mágico en esas grandes salas de corte donde las manos y el oído establecen una especie de sinergia y complicidad para llenar las cestas de puros y el cerebro de información al unísono. Y de vez en cuando surge un aplauso singular: el sonido de las chavetas en la madera de manera repetida.