Revista Digital Semanal

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Tres clásicos en el recuerdo de los cubanos.

Un día no muy lejano, se convertirán en piezas de museo...

Margarita Pécora Margarita Pécora En Sociedad Nov. 21, 2015

La abuela Rosa le pegaba con el  bastón en una de las patas, y la imagen y el audio obedecían con instinto casi  animal. El fallo “técnico” se  repetía  una y otra vez, mientras la familia  atrincherada en la sala,  se mordía las uñas   esperando el  “milagro”,  e imaginando  ya  perdida   la telenovela.

Ahora que en Cuba  se puede  ir al shopping  y  elegir comprar televisores  “pantalla plana” de alta definición,  queda a penas en el olvido, el  televisor Krim-218 que allá por los años ‘80  nos devolvía  imágenes en blanco y negro y acompañaba en  cortos ratos  de descanso en la sala  familiar.

 No solo   el Krim ha corrido esa suerte,  también  otros electrodomésticos  que  ya son clásico en la historia de vida de los cubanos, y que merecen ser despedidos  con  una con  mezcla de humor  y de  nostalgia : el ventilador Orbita y el radio VEF. Todos llegaron a nuestras  manos  durante lo que puede  denominarse  una época de bienestar experimentada por Cuba, al amparo de las relaciones con  la antigua Unión Soviética.

Cada uno tiene su historia: El  ventilador Orbita –concebido para “descongelar” con su débil  ráfaga de aire a los refrigeradores,  era sin embargo, el  equipo  más popular  que calmaba el sofocante calor  de nuestro eterno verano. Sus aspas de  plástico, se calentaban hasta derretirse, pero  su potencia resistía como un guerrero en  plena batalla.  Era “un  caballo”- solía decir la gente. El motor no paraba de funcionar. Fue así que los cubanos ingeniosos como siempre, inventaron  sustituirle las aspas por  otras  hechas de aluminio  de  bandejas  de comedores obreros, las mismas que se usaban y aún  se divisan como estandarte  en las alturas de alguna que otra casa,  haciendo las veces de  antena  de televisión.

Y qué decir del radio VEF, con su cubierta de metal, a prueba de todo,  si no  sintonizaba las emisoras  potentes, al menos dejaba  oír Radio enciclopedia. Al  igual que el  TV Krim,  el  radio se solía hacer funcionar, a “puñetazos”.  Y respondía.

Un día no muy lejano, se convertirán en piezas de museo  y hasta podrían ser subastados porque su valor  está en lo útil que fueron y la  heroica  resistencia y adaptación  de su tecnología, a  un país  muy distinto  a aquel donde fueron fabricados. Esta triada  de clásicos, merece  integrar la familia de los “objetos museables”.