Revista Digital Semanal

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Un acalorado transporte

La disminución del transporte público y la contracción del privado marcan el disfrute del periodo vacacional a los habitantes de la capital en la mayor de las Antillas.

Valentín Rodríguez, Corresponsal CubaDebate En Sociedad Aug. 12, 2016

El verano como suele llamarse en Cuba al periodo vacacional, tiene muchos matices, además del calor y luego de que voceros institucionales aseguraran que todo estaba óptimamente dispuesto para que los cubanos disfrutaran de un “merecido descanso”, aderezado con variedad de ofertas recreacionales, fue anunciada una drástica reducción de las cuotas de combustible debido a la crisis energética que enfrenta el país.

 

Mientras el sector estatal se impone programas draconianos para disminuir el consumo de energía eléctrica en un 50 por ciento, la escasez de petróleo ha tenido un impacto muy negativo en el transporte urbano.

 

La baja frecuencia con que circulan los ruteros, autobuses o taxis privados; el aumento de los precios; la indisciplina ciudadana y la constante temperatura de 35 grados que caldea los ánimos más apacibles, generan una dinámica diaria que se ha tornado insoportable para los cubanos. Además que numerosas gasolineras de la barriada del Vedado están cerradas a la venta y hay que sortear caminos para saber cuál es la disponible.

 

A toda hora hay concentraciones de personas que esperan largamente la llegada de su ruta. Los taxis no dan abasto entre la persecución de los inspectores, el temor a las denuncias anónimas —que pueden o no ser justas—, el flujo creciente de pasajeros y la imposibilidad de adquirir combustible. Según funcionarios del transporte público, todo está bien y la política de ahorro se debe a la necesidad de garantizar reservas para cuando inicie el curso escolar.

 

“En septiembre todo va a mejorar”, comentó triunfalmente un inspector. Lo cierto es que el transporte en la capital se comporta pésimo durante todo el año. Pero desde que comenzó la cacería de brujas con los choferes de taxis privados, la situación empeoró de modo significativo.

 

Mientras tanto, los cubanos deben pensarlo dos veces antes de decidirse a salir de casa, pero sin más opción madres y niños se lanzan a la odisea, a desafiar el crudo verano y su ardiente sol a la espera de que un transporte aparezca y eso puede anular el deseo de salir.