Revista Digital Semanal

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¿Volverán los apagones?

Recientes anuncios emitidas por el gobierno cubano informan acerca de restricciones y regulaciones en la vida del país frente a dificultades en la economía de orden interno y externo. El fantasma de los “alumbrones” y de los primeros años de la década de los 90´.

Valentín Rodríguez, Corresponsal Ernesto Salazar En Sociedad July 8, 2016

Cuando el ministro de Economía, Marino Murillo, señaló, en el séptimo periodo ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que la economía cubana en el primer semestre del año estuvo marcada por un "complejo escenario" que impactó en los ingresos del país, con dificultades en la liquidez por la caída de los precios del petróleo y el níquel, más los incumplimientos de la producción azucarera y de los ingresos previstos en plan, la alarma de los apagones pasó por la cabeza de todo los presentes y de los que seguían los acontecimientos.

 

En esa oportunidad, el alto funcionario indicó con marcado acento que “es necesario potenciar el ahorro de los gastos líquidos al "máximo de las posibilidades" y llamó al "uso estricto y más eficiente" de los portadores energético.

 

Estos anuncios estuvieron precedidos de medidas regulatorias para los organismos de la administración central del Estado y para las empresas estatales y extranjeras, que desde el 1 de julio se pusieron en marcha sin que hayan trascendido de manera oficial.

 

Los recortes anunciados contemplan la reducción del 50 por ciento de la cuota de combustible, ahorros diarios en el encendido de las luces y aires acondicionados  y mayor control sobre el parque de vehículos estatales en la circulación.

 

Según lo anunciado se habla de suspensión de recortes de jornada laboral de 8 a 5 horas y vacaciones masivas, e incluso cierre temporal de determinados centros. Además, cada día se conoce que en numerosos  barrios (en la capital, al menos),  se interrumpe el fluido eléctrico por “reparaciones programadas”, que no se anuncian.

 

La coincidencia de fenómenos críticos en el orden interno y externo, condiciona la financiación de la economía y el que tenga, una vez más, que enfrentarse el país "a una tensa situación de liquidez, algo que no es nuevo, pero ello conlleva a la toma de un grupo de medidas", señaló el titular de la economía al respecto.

 

A lo que luego Murillo añadió: "Se mantendrán asegurados los servicios vitales a la población, el equilibrio monetario interno y lo que eso implica en la circulación mercantil minorista, así como las normativas diseñadas para aumentar la capacidad de compra del peso cubano, los esquemas con capacidad exportadora y el programa inversionista vinculado al desarrollo futuro de Cuba", decisiones que van a acarrear un aumento del déficit público de consecuencias irreparables sobre el equilibrio interno que necesita la economía para mejorar su credibilidad internacional.

 

Estas medidas que corren de boca en boca, desataron innumerables comentarios y preocupaciones de la población ante la inminencia de un periodo crítico para el país  cuya magnitud puede ser semejante a la de inicios de la década de los 90. La economía cubana entra en una fase de máxima intervención muy similar al “periodo especial”, pero con un cambio en los escenarios y con una cuestionable capacidad de resistencia de la población, sobre todo porque nadie es capaz de anticipar las consecuencias, la dificultad del momento  y el alcance de las medidas restrictivas.