Revista Digital Semanal

Director: Carlos Javier Rodríguez

Editor: Santiago Masetti

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El Chinatown de La Habana

No es tan amplio y abastecido como el Barrio chino de Juramento, en la Capital Federal, pero el de La Habana exhibe el mismo sello: la presencia china, aunque escasa, los símbolos de su ancestral cultura en las fachadas de los restaurantes, de donde emanan los olores de suculentos platos de arroz frito, chop suey y rollitos de primavera.

Margarita Pécora En Turismo Jan. 23, 2016

Realmente hay más cubanos achinados, que chinos puros en esta peculiar  barriada  de La Habana que abarca escasas cuadras.  Rostros que  muestran esa mezcla encantadora  de cantoneses  y mulatos cubanos (a su vez  mezclada con españoles y africanos), asoman por cada esquina  del barrio que tiene su portal de entrada  a pocos metros del Capitolio nacional.

 

Entre las calles Amistad y Dragones,  se concentra este exponente comercial y cultural de  descendientes asiáticos que se radicaron en Cuba alrededor de 1850.

 

 El bulevar del barrio chino se abre hacia un costado de la calle Zanja, con cafés, restaurante iluminados por lámparas rojas,  hechas con  papel de seda sobre un bastidor de bambú,  y vendedores ambulantes de mascotas y souvenires. A uno y otro lado se encuentran los  restaurantes, tiendas de artesanías del oriente,  como la Ruta de la seda,  patios donde se practican artes marciales; y no faltan restaurantes  que ofrecen comida cubana e internacional con mozos impecablemente vestidos, que pregonan a las puertas, esa variada oferta.

 

Según  historiadores como Julio Le Riverend,  los primeros chinos se radicaron en La Habana, en 1858.Luego, entre  1847 y 1874 llegaron a La Habana alrededor de 150 000 chinos, casi todos hombres.

 

Los llamados Culíes,  arribaron mediante el sistema de contratación para sustituir el trabajo esclavo africano en la producción agrícola y en las plantaciones azucareras.

 

Muchos de ellos se incorporaran a las Guerras independentistas y fueran factor de importancia en el proceso de integración de la nación cubana.

 

A principios del siglo XX ya residían en la  zona unos diez mil chinos, y  comenzaron a crecer  pequeños establecimientos comerciales que abarcaban desde fondas, lavanderías, reparadores de zapatos, relojes y demás.

 

Desde 1869 hasta la primera mitad del siglo XX se produjo la entrada en la Isla de diferentes oleadas de chinos libres, procedentes en su mayoría de California, en Estados Unidos.  Arrancó un proceso de auge y expansión de la comunidad china y se  empezaron a establecer comercios de todo tipo, dando origen a una pequeña burguesía comercial china importadora y financiera en desarrollo. Esos comerciantes emplearon en sus negocios a los Culíes libres residentes en la Isla.

Existían en el Barrio numerosas sociedades, en su mayoría autocalificadas como de instrucción y recreo.

 

La tradicional tranquilidad del Chinatown habanero se vio perturbada con la irrupción de inescrupulosos comerciantes que tras la fachada de “honorables comerciantes” actuaban como verdaderos hampones. Con el tiempo, la  corrupción en el Barrio Chino se convirtió en el tema del momento en la prensa habanera. Menudearon los llamados a la disolución del Barrio, clausura de sociedades y deportación de asiáticos.

 

A pesar de ello, el Barrio Chino de La Habana continuó existiendo, ni se  pudo borrar  la imagen del chino amable, honrado y laborioso que venía cultivándose desde el Siglo XIX.

 

En 1990, gracias a la gestión del Grupo Promotor del Barrio Chino, institución que busca la recuperación y rehabilitación del barrio chino de La Habana con finalidades culturales y turísticas, más  el apoyo de las autoridades municipales de la Capital, se inició la recuperación y restauración de los restaurantes, el rescate de la decoración y las fiestas y tradiciones.

 

 Aunque ha mermado considerablemente  la  población auténtica de China, quién duda que  con la apertura  cubana a las inversiones con el país asiático, la presencia china cobre vida en este  atractivo lugar.