Revista Digital Semanal

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Palacio de Aldama: Joya del neoclásico caribeño

El Palacio de Aldama, uno de los más suntuosos y céntricos edificios de la capital cubana, que destaca por su pétrea construcción, está siendo sometido a una reparación total, dirigida por La Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

Amaurys Mejías, Colaborador Margarita Pécora En Turismo Feb. 6, 2016

No hay lente de visitante nacional o extranjero que no deje de atrapar la imagen del imponente edificio vallado en su parte frontal y laterales, para facilitar las obras, que manos especializadas en restauración de material pétreo, realizan buscando   devolver el esplendor que caracterizó a este edificio,    carpinteros, albañiles, arquitectos e ingenieros, entre otras especialidades,  laboran  con extraordinario cuidado  y esmero sobre andamios del  Palacio  que está situado en la zona extramuros de la Habana colonial, justo a un costado del antiguo Campo de Marte, hoy Parque de la Fraternidad americana,  sitio de desfiles y marcialidad militar.

 El arquitecto dominicano  Manuel José Carrera, diseñó y dirigió la construcción hacia 1840, de un inmueble concebido para casa de vivienda de la familia Aldama que,  hay que reconocer,   es  una verdadera  joya del neoclásico caribeño. 

Don Domingo de Aldama, mandó a construir la casa dividida en dos partes, compartiéndola con su hija y el esposo de ésta, Don Domingo del Monte, a quien  el gobierno colonial español, le acusó de infidente, colaborador de la causa independentista  y de esconder armas en el interior de la casa, en el año de 1869. Años más tarde y con la firma del Pacto del Zanjón, la vivienda fue devuelta a sus antiguos dueños.

Su construcción con piedras de cantería, hermosa fachada y grandes salones, no sería nunca más casa de  familia. Después de caer en desgracia la familia Aldama ante el gobierno español, el inmueble fue subastado y adquirido por los propietarios de la fábrica de tabacos La Corona. En 1932 una  empresa inglesa  dedicada al negocio tabacalero la compró y añadió una tercera planta y la condicionó a fuertes transformaciones arquitectónicas. Para 1945, corrió peligro de ser demolido el insigne edificio, pero protestas de sociedades culturales, salvaron y lograron en el año 1949 declararlo Monumento Nacional.

En enero de 1946, el Sr. Paul Gonzáles de Mendoza lo compró, e invirtió en el más de 2 millones en su restauración, la cual se concluyó en 1947. En el inmueble se instalaron oficinas, comercios, una cafetería y el Banco Hipotecario Mendoza, hasta su nacionalización en 1960.

En 1965 se entrega el Palacio a la Academia de Ciencias de Cuba. En 1968 se instala aquí el Instituto de Etnología y Folklore hasta 1973. Entre 1968 y 1971 este instituto demuele la tercera planta y la devuelve a su altura original.

 

Instituto de Historia de Cuba

 

En abril de 1974 se convierte en la sede del Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista de Cuba. Ya en 1987, al fusionarse varias instituciones de investigación histórica, pasa a ser el Instituto de Historia de Cuba, hasta el presente.